Cisterna

Auténticos, no perfectos

Una de las peores cosas que podemos hacer los líderes es pretender ante los demás que somos personas perfectas. John C. Maxwell propone cinco cosas a tener en cuenta frente a nuestra autenticidad:

  1. Admitir nuestros errores

Esto les dará confianza a las personas que están a nuestro lado. Ellos conocen cuáles son nuestros defectos. Al admitirlos uno se hace más accesible y confiable. No es fácil reconocer que nos equivocamos, pero es una fortaleza que ayuda a otros a potenciar las propias.

  1. Pedir consejo

Se dice por ahí que el consejo es lo que pedimos a otros cuando ya conocemos la respuesta. Pero es una falacia, no es verdad. La Biblia nos enseña que Cuando falta el consejo, fracasan los planes; cuando abunda el consejo, prosperan Proverbios 15:22 ¡Qué pronto resolveríamos inconvenientes si pidiéramos en lugar de simular que podemos solos hasta alcanzar la resolución del problema… si es que lo logramos.

  1. Preocuparse menos por lo que digan y piensen los demás

Las personas que consideran demasiado la opinión de los demás, se pasan la vida complaciéndolas y con frecuencia su desempeño es muy pobre. Crearemos una imagen que no se coincide con quienes somos y sostenerla consumirá nuestras energías. Para obtener credibilidad debemos ser nosotros mismos. No vamos a caerle bien a todo el mundo, pero vamos a ser consecuentes con quienes somos y nuestra confianza y la de los demás será más firme.

  1. Aprender de los demás

El que todo lo sabe es una persona desagradable con quien compartir un objetivo. Sus definiciones a su propio juicio son inequívocas y no le da oportunidad a nadie más para mejorar el desarrollo de un plan de trabajo. Si deseamos que los demás nos consideren como una persona accesible, no sólo admitamos nuestra debilidad, sino que tengamos la habilidad de aprender de ellos. Maxwell sostiene que “cada persona tiene el potencial de enseñarnos algo”.

Dos cosas ocurren cuando creemos en esto: aprendemos mucho de cada persona que se nos acerca y las personas se nos acercarán de manera natural, sólo porque les inspiraremos confort.

  1. Dejar atrás el orgullo y las apariencias

Con frecuencia creemos que si podemos impresionar a los demás, también influiremos en ellos. Pero esto crea un problema con nuestra naturaleza, somos seres humanos y los superhéroes son protagonistas de los comics. Si nuestra meta es impresionar a los demás, nuestro orgullo crece y terminamos siendo presumidos. Es un ingrediente para echar fuera a quienes nos rodean y quedarnos absolutamente solos. El orgullo es otra forma de demostrar egoísmo y de mantener a las personas a distancia para que no vean quienes somos en realidad.

Las personas con carisma son aquellos que se enfocan en los demás, y no en sí mismos. Hacen preguntas; escuchan; no tratan de ser el centro de atención, y no intentan parecer perfectos. Esto hará que sus compañeros de camino lo respeten y lo vean como el conductor del proyecto, del objetivo a alcanzar. ¡Será el verdadero líder que Dios usa!

Foto: Eduardo Zapata para la Revista Hechos&Crónicas.

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