Proverbios

No hay que arrepentirse de todo

Si bien es cierto que Dios a través de Su Palabra nos insta a arrepentirnos de nuestros pecados y volvernos a Él, también es cierto que hay temas de los que no debemos arrepentirnos. ¿De qué se trata? Hechos&Crónicas explica.

El tema bíblico del arrepentimiento siempre nos lleva al pecado, a dejar atrás todo aquello que corrompe el alma y buscar completamente a Dios. Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor. Hechos 3:19.

La relación con Dios a través del verdadero arrepentimiento se fortalece, pues es el momento en que con vergüenza venimos ante nuestro Padre que es Santo, Santo, Santo y que no convive con el pecado, y reconocemos que hemos fallado. La actitud sincera de nuestro corazón determina que daremos una vuelta en otra dirección y buscaremos no volverlo a hacer. Además, Dios nos recibe con sus brazos amorosos, nos limpia y nos perdona. ¿Qué más podríamos pedir? Es un acto de verdadero amor.

Entonces, ¿de qué NO debemos arrepentirnos?

Hay asuntos que aunque la sociedad juzgue como errores, no lo son y no está mal mantenernos firmes. Se trata de las decisiones personales que podemos tomar y ante los ojos de la sociedad en general parecen equivocadas. Suena muy elaborado, ¿no? Pero por sociedad podemos entender a las personas que nos rodean y que opinan de forma ‘bien intencionada’, nos hacen dudar y experimentar culpa. Hechos&Crónicas reúne algunas de estas decisiones de las que no debemos arrepentirnos:

  1. Decir ¡NO!

Hay momentos en la vida cuando todos a nuestro alrededor esperan que digamos sí sin condiciones. Pueden ser cosas sencillas como el lugar donde vamos a comer, o cosas trascendentales como la decisión de tener hijos. Puede que la decisión más obvia o esperada sea un sí, pero si no nos hace felices y traerá problemas a nuestras vidas, lo mejor es decir No con autoridad y sin remordimientos.

  1. Salir de la zona de confort

A veces renunciar a un trabajo en el que no crecemos, pero que aparenta ser la oportunidad de nuestras vidas puede ser algo muy complicado. No falta el consejo de que debemos permanecer, pero cuando las cosas no funcionan, a pesar de nuestros esfuerzos, muchas veces lo mejor es marcar la salida. A veces nos acomodamos en ciertos lugares o situaciones y no rompemos el ciclo por miedo al qué dirán o porque pareciera una decisión loca. Y es verdad, Dios usa las locuras para glorificarse.

  1. Elegir una forma de vida

Todo estilo que decidamos vivir está sujeto a las opiniones de los demás. Si elegimos una carrera u otra, casarnos, tener hijos o no tenerlos, etc. Las personas se basan en sus propias experiencias para opinar y muchas veces pueden hacernos tambalear. Sin embargo, todo esto es tan personal que debe llegar un punto en que las opiniones nos resbalen y solo cuente lo que  Dios nos dicte.

  1. No tener un cuerpo perfecto

Existe un dicho que dice “nadie que sea feliz tiene el abdomen plano”. Si bien es cierto que por salud debemos mantenernos en forma y que cuidarnos hace parte de la mayordomía que ejercemos con el cuerpo que Dios nos dio, tampoco debemos matarnos por encajar en los estándares de belleza. No vernos como súper modelos no está mal y tampoco tenemos que sentirnos mal por eso. Es importante aprender a amarnos como somos, completos, para cuidarnos en la medida justa y valorar el resto de cualidades que tenemos.

  1. Perseguir los sueños

Puede sonar descabellado dejar todo por irse a estudiar a otro país, abandonar una carrera para quedarse en la casa cuidando a los hijos, pero hay un tema fundamental y es que Dios es quien pone los sueños en nuestros corazones. Si Él nos da los sueños y talentos, también nos dará las oportunidades y abrirá las puertas para que podamos cumplirlos.

  1. Expresar los sentimientos

Aunque no recibamos la respuesta esperada o nuestros sentimientos no sean valorados o correspondidos, no debemos quedarnos con ellos en el corazón. Si son negativos, debemos sacarlos con Dios en oración y si son positivos, en la justa medida, también debemos saberlos expresar.

Para no tener que arrepentirnos…

La clave para que no tengamos que cargar con la culpa, ni dudar y mucho menos arrepentirnos de nuestras decisiones es tomarlas con Dios. Que sea Él quien guíe cada uno de los momentos de nuestras vidas, quien tome el timón de nuestro destino y nos dirija. ¿Cómo? La oración constante, el ayuno y la disposición para escuchar la voz de Dios son un buen comienzo. Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán. Proverbios 16:3.

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