Ester

Rut, mujer audaz e incondicional

La historia de Rut, la moabita, es corta pero impactante. Tiene hermosas acciones de lealtad, amor, fidelidad, audacia, devoción extraordinaria, viveza y ternura.

El trasegar de esta mujer se desarrolla en sus comienzos con un relato de muerte, desesperanza, aflicción y dolor ante la viudez; pero termina con un final feliz, lleno de alivio y esperanza.

Moab, la tierra donde ella vivió y creció, en su contexto histórico bíblico, es descrita como una ciudad “ubicada en los oscuros y sangrientos días de los Jueces”. La historia de Rut guarda silencio en cuanto a la hostilidad oculta y el recelo que sentían entre sí dos pueblos: judíos y moabitas. La época en que tiene lugar, es la de los Jueces, período caracterizado por la degeneración religiosa y moral, la desunión nacional y opresión extranjera, refleja un tiempo efímero de paz entre Israel y Moab. (Ver Jueces 3:12-30).

Un corazón leal

No en vano, su nombre sugiere: Amistad, La compañera fiel; es protectora y está llena de amor hacia su suegra Nohemí. Su compromiso es total y desinteresado, elige emprender el viaje para ir a vivir con ella a una tierra y cultura que no conocía, que miraba a los moabitas con ojos de recelo, resentimiento y su trato solía ser hostil. Allí, Rut, se convierte en una mujer trabajadora, luchadora, conquistadora y audaz. Rompe los esquemas de la época y de una sociedad tradicional.

Fe y audacia comparable

Rut eligió lo mejor para Nohemí, no para ella; abandonó su hogar, viajó sin dinero, sin amigos, ni perspectivas para un buen futuro. Carolyn Custis James, autora del libro El Evangelio de Rut, la describe así: “Si los eruditos comparan a Nohemí y Job, también encontrarán semejanzas entre Rut y Abraham. La fe que Rut demuestra, compite con lo que el adinerado patriarca Abraham hizo al abandonar su tierra natal y su familia por una tierra desconocida. Vemos que Rut huye por su cuenta con las manos vacías, en contra de una gran presión  diferente a la de Nohemí y a su propio corazón de mujer.

Le espera la pobreza y una poderosa lucha por sobrevivir. En vez de buscar la remota posibilidad  de tener un esposo y seguridad en Moab, ella dedica su vida a una mujer anciana y se encamina a una desconocida Belén.

A diferencia de Abraham, la decisión de Rut no es reafirmada por las promesas de Dios de una gran bendición a lo largo del camino o cualquier visible apoyo a sus circunstancias que pueda reforzar su elección. El futuro de Rut se vislumbra más oscuro que el de Nohemí, porque Rut es extranjera, joven, y enfrenta un tramo más largo de adversidad que el de su envejecida suegra. Con ambos ojos abiertos a las consecuencias de sus acciones, Rut da un portazo y cierra con llave la puerta de su propio futuro”.

Caminando hacia el amor

Rut rompe las reglas en una cultura de hombres, llega por sus propios medios, trabaja ardua y diligentemente, hace que su labor sea abundante y productiva. Dios la dotó con un don maravilloso: la habilidad de ganarse el afecto de las personas que la rodeaban, y sus buenas acciones le dan fama en el pueblo, cosecha y recoge lo sembrado con sabiduría, va más allá, de manera decidida, siguiendo los consejos de su suegra, se dirige a su destino y conquista el corazón de Booz, hombre de carácter, generoso y de grandes valores, quien se convierte en una figura destacada y llena de esperanza para su futuro y el de Nohemí.

Rut, todo lo hizo por amor, no a un hombre, sino a su suegra. A través de ella, de su fe y caminar sin vacilaciones, podemos aprender, que el amor nunca se da por vencido, es audaz, leal, firme y lleno de esperanzas. Rut demostró este amor, incondicional, por eso lo recibió en la misma medida que lo dio: a manos llenas, pues este amor viene de Dios, quien con su Espíritu Santo, nos sana, da vida, alegría, esperanza y un nuevo futuro.

Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado. Romanos 5:5.

Por: Hilda Cristina López, @forjatalentos

Pintura: Ruth and Boaz – David Wilkie Wynfield (1837–1887) – Harris Museum & Art Gallery.

 

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