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Crianza en época de influencers

El estallido de popularidad de las redes sociales, más que tender un nuevo puente de comunicaciones, nos ha conectado con todos. Esto resulta muy beneficioso desde muchos ámbitos, ya que el hecho de poder hablar con alguien que se encuentra a miles de kilómetros de distancia, de manera inmediata, e incluso poder ver su rostro, ha abierto puertas a familias, estudiantes y toda clase de emprendedores.

Y es que millones de bytes de información de todo tipo están disponibles para el goce de quienes acceden, con sólo hacer un “clic”. La forma en la que se genera contenido está evolucionando a buen ritmo, desde hace unos años se está produciendo una revolución a la hora de entender y utilizar la información, y en este apartado internet ha tenido gran influencia, gracias a su enorme alcance.

De acuerdo con un estudio publicado en la revista Science en el año 2011, se pretendía cuantificar la cantidad de información generada y almacenada en el mundo. Ese año el CEO de Google, Eric Schmidt, afirmó que la humanidad había creado hasta 2003 una cantidad equivalente a cinco exabytes, añadiendo que ahora esta cifra se generaba en dos días, publicó el portal documania20.wordpress.com.

Las cifras de Science son abrumadoras. Entre algunas de ellas destacan la cantidad de información generada por la humanidad hasta el año 2007, que se estima en 295 exabytes, aumentado en 2011 a 600 exabytes, o lo que es lo mismo, un trillón de bytes, que es la capacidad de un millón de ordenadores.

Asimismo, “el estudio indica que la tecnología digital domina sobre la analógica, puesto que, desde el 2007, el 99,9% de la información generada era en un formato digital, lo que se traduce en que sólo el 0,007% está registrada en papel”, explica la web. Y cada minuto que transcurre, los 2.700 millones de personas con acceso a la red, que se calcula que hay actualmente en el mundo, envían más de 200 millones de correos electrónicos, realizan 2 millones de consultas a Google, suben 48 horas de vídeo a YouTube, escriben más de 100.000 tweets y suben más de 6.000 fotografías a Instagram y Flickr, según datos recogidos por la empresa DOMO.

Pero, ¿cuánta de esta información es útil y constructiva para nosotros? Y aún más importante: ¿qué tan bueno llega a ser el contenido diario en las redes sociales para nuestros niños? Lo cierto es que la rapidez con la que nuestros hijos aprenden a manejar los dispositivos móviles de moda, para conectarse con amigos y disfrutar de estos medios, resulta impresionante. Y a pesar de que internet es una herramienta tremendamente útil, también puede ser contraproducente para los más jóvenes de la casa.

Sí, las redes sociales más populares, Instagram y Facebook, son fuente de innumerables ventajas para sus usuarios; sin embargo, también generan efectos secundarios poco saludables que, como padres, debemos tomar en cuenta, puesto que, según un nuevo estudio realizado entre jóvenes británicos, la salud mental de los adolescentes podría verse afectada por el acceso recurrente a estas plataformas.

Un artículo publicado por el portal del diario El País explica que, de acuerdo con este trabajo, Instagram podría terminar siendo la más nociva de las redes sociales entre los adolescentes por su impacto en la salud psicológica de este grupo, que se encuentra en una edad más vulnerable. A ella le siguen, con notas también negativas, Snapchat, Facebook, y Twitter.

“Los jóvenes que pasan más de dos horas al día en redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram son más propensos a sufrir problemas de salud mental, sobre todo angustia y síntomas de ansiedad y depresión”, recogió la investigación realizada por la Royal Society of Public Health y la Universidad de Cambridge. Para llegar a esta conclusión los especialistas estudiaron las actitudes hacia estas redes en 1.500 británicos de entre 14 y 24 años.

Se valoraron 14 factores, tanto positivos como negativos, en los que estas aplicaciones impactan en la vida de este grupo de edad, en el que su personalidad aún está en formación. Instagram suspendió en siete de estos aspectos. Los jóvenes reconocieron que esta aplicación afecta negativamente su autoestima, sus horas de sueño, asociado a múltiples problemas que se derivan del precario descanso nocturno, y en su miedo a ser excluidos de eventos sociales. Además, el ciberacoso también estuvo a la orden del día, lo que genera mucho temor y síntomas depresivos, añadió la web de El País de España.

“Instagram logra fácilmente que las niñas y mujeres se sientan como si sus cuerpos no fueran lo suficientemente buenos mientras la gente agrega filtros y edita sus imágenes para que parezcan perfectas”, asegura uno de los jóvenes estudiados. “El ciberacoso anónimo a través de Twitter sobre temas personales me ha llevado a autolesionarme y a tener miedo de ir a la escuela. El acoso en Instagram me ha llevado a intentar suicidarme y también a lesionarme. Las dos me hicieron experimentar episodios depresivos y ansiedad”, confiesa un menor de 16 años que participó en el estudio, según citó el medio español.

Otro estudio confirma el influjo negativo  de estos medios de comunicación masiva. Según la investigación realizada por la Universidad Humboldt de Berlín y la Universidad Técnica de Darmstadt, pasar tiempo en las redes sociales puede conducir a sentimientos como depresión, envidia, frustración y aislamiento.

Los influencers —o personas que cuentan con cierta credibilidad sobre un tema concreto, y por su presencia en redes sociales—, generan contenido entretenido y de utilidad. Pero, al mismo tiempo, la imagen o estilo de vida que desean vender tiene un impacto en niños y adolescentes, dándoles un modelo falso de admiración que muchos desean perseguir.

Entonces, ¿a qué están expuestos nuestros niños y jóvenes? Como padres debemos estar muy al corriente de la información a la que acceden nuestros hijos, ya que en la internet proliferan toda clase de peligros. Y como cristianos hay que procurar también brindarles un modelo sólido de guía para su vida futura.

Aunque los influencers y youtubers luzcan bien y sus estilos de vida sean agradables a la vista, no podemos saber qué tan cierto es lo que muestran o qué clase de personas son, en realidad, aquellos a quienes nuestros hijos admiran ¿De qué hablan en sus plataformas? ¿Qué mensajes absorben los niños y adolescentes para su correcta formación, a través de las redes?

A propósito de esto, la psicopedagoga colombo-venezolana Patricia Herrera Pereira, licenciada en educación con especialización en dificultades de aprendizaje y retardo mental, diplomado en programación neurolingüística y cristiana desde hace dieciocho años, aconseja a padres y representantes  pasar más tiempo con los niños, compartir los momentos en que tienen acceso al contenido en la televisión e internet, de manera que los aparatos electrónicos no se conviertan en los educadores o “niñeras”.

Como padres cristianos, que anhelamos para nuestros hijos una formación en el Señor, debemos enseñar a los niños cuál es el modelo apropiado de vida que deben seguir y qué figura hay que imitar: la del Salvador.  Las Escrituras son claras al respecto.  Proverbios 22:6, ordena instruir al niño en su camino; pero, al mismo  tiempo, la Palabra nos da una promesa como consecuencia de ello: …Y aun cuando fuere viejo no se aparatará de él.

Los peligros en internet son reales y están más cerca de lo que pensamos; enseñemos, por lo tanto, a los más jóvenes el modelo bajo el cual deben vivir, con amor y en familia, para que nunca se aparten de la senda del Padre.

Por: Verushcka Herrera R.

Foto: 123RF

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