Areópago

No boto mi voto

En medio de los conflictos, los cristianos nos ofendemos lógicamente con los que echan bala, pero no nos ofendemos de igual manera con los que se roban los dineros públicos. Y, entonces, ¿qué partido podemos tomar allí? ¿A favor de quién o en contra de quién? Realmente nos hallamos dentro de un círculo vicioso de preguntas y respuestas: ¿Por qué hay paramilitares?– Porque hay guerrilleros. ¿Por qué hay guerrilleros? –Porque hay injusticia social. Y la pregunta clave: ¿Por qué hay injusticia social? –Porque hay corrupción.

Muchos guerrilleros han cambiado su propósito al desviarse hacia el narcotráfico y el terrorismo, pero el origen, la raíz del árbol de la violencia fue la injusticia social; y no es ningún remedio cortar las ramas, ni talar el tronco de ese árbol; la solución es arrancarlo de raíz, porque mientras haya corrupción habrá injusticia social, y mientras haya injusticia social habrá violencia. Nada se logra simplemente con firmar  la paz entre el Gobierno y los alzados en armas, aunque es de celebrar que se silencien los fusiles. Pero si sigue en pie el sistema, si los ricos son más opresores cada día, si hay mujeres que tienen que seguir alquilando sus cuerpos para dar de comer a sus hijos, habrá otra vez violencia, porque –según las Sagradas Escrituras– el origen de la violencia es la injusticia social:

El producto de la justicia será la paz; tranquilidad y seguridad perpetuas serán su fruto. Isaías 32:17.

Si la Biblia misma declara que el producto de la justicia será la paz, no estamos inventando nada cuando afirmamos que donde hay justicia, hay paz; eso lo dice la Palabra del Príncipe de la paz, no la palabra de un simple y falible predicador. Mi iglesia desde su fundación decidió enfrentar el tema de la justicia social; por eso, con todas sus anexidades, genera 517 empleos directos y más de 1.300 indirectos, debido a la forma en que está organizada para bendecir al mayor número posible de personas. Gracias a Dios, desde un principio, se montó la oficina de Misericordia, Amor y Servicio para ayudar a los necesitados de la congregación con mercados, becas, vestuario, vivienda, etc.

Nos hemos impuesto la difícil obligación de interpretar a Jesucristo, quien es muy terminante cuando dice que al que tiene hambre hay que darle de comer, al que tiene sed hay que darle de beber y al desnudo hay que cubrirlo. Y, por eso, sostienen hogares de niños desamparados en cada región donde esta iglesia funciona. Es mejor hacer obra social que hacer política. Mejor dicho, hacer obra social es hacer política en la forma correcta.

El cristianismo no es amarillo ni azul, ni verde, colorado o negro; tampoco es de izquierda ni de derecha; es únicamente cristianismo. Por eso, la única guerra que el Señor nos ha autorizado a librar es la guerra espiritual. No estamos de acuerdo con la injusticia social ni con la violencia, pues queremos mirar las cosas mucho más a la luz del Sagrado libro que a la luz de las simples circunstancias de la vida diaria. Y, aunque parezca una incongruencia o una contradicción,  la guerra espíritu al se libra pacíficamente, de rodillas en oración y con armas espirituales. Hemos dicho que un buen cristiano será un buen ciudadano. Soñamos con países regidos por nuevos modelos económicos que garanticen trabajo justamente remunerado, igualdad de oportunidades en el crédito, en la educación, en todas las áreas; y, desde luego, más circulación social, más democracia representativa, más ascensos de los de abajo hacia arriba; honestidad, ética ciudadana, fraternidad y paz. Por todos esos ideales debemos librar la guerra espiritual.

El voto pertenece al círculo íntimo de la libertad de conciencia, pero el creyente debe darlo a quien mejor interprete un programa de gobierno ceñido a las exigencias de la Palabra de Dios, que busca para todo el género humano el tesoro de la paz.

Por: Darío Silva-Silva. Fundador, presidente y pastor de Casa Sobre la Roca Iglesia Cristiana Integral.

Foto: David Bernal / Revista Hechos&Crónicas.

 

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