Cisterna

La promesa de la inmortalidad

Muchas personas en la vida se preocupan por vivir el día a día, como si no hubiera una eternidad, como si no fueran a morir. Otros se preocupan tanto por su muerte que se olvidan de vivir. Unos más nos preocupamos por alcanzar la inmortalidad. ¿Cómo vives tú? ¿Crees que obtendrás la inmortalidad?

Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno. Salmo 139:23-24.

¡Detente a observar a las personas! Cómo visten, cómo viven, cómo andan por la vida. El ser humano vive preocupado por ser joven y vive como si nunca fuera a morir. Otros están preocupados por su legado para el futuro y piensan la inmortalidad desde el punto de extenderse a través de los hijos, o de una gran obra en la cual quede inscrito su nombre, dedican placas recordatorias en los salones sociales de algún edificio, crean una fragancia de perfumes con el nombre de alguien para darle perpetuidad. Quizás sea un vestigio de la conciencia pura que Dios quiso darles a Adán y Eva, en el jardín del Edén: querer ser eternos.

La Biblia dice que “Melquisedec era un rey inmortal de la época de Abraham que no conoció ni nacimiento ni muerte”. El libro de los Hebreos dedica cinco capítulos a este gran ser inmortal. A Jesús se le califica de sacerdote inmortal de Dios Supremo de la orden de Melquisedec. Este Melquisedec, rey de Salén y sacerdote del Dios Altísimo, salió al encuentro de Abraham, que regresaba de derrotar a los reyes, y lo bendijo. Abraham, a su vez, le dio la décima parte de todo. El nombre Melquisedec significa, en primer lugar, «rey de justicia» y, además, «rey de Salén», esto es, «rey de paz». No tiene padre ni madre ni genealogía; no tiene comienzo ni fin, pero a semejanza del Hijo de Dios, permanece como sacerdote para siempre. Hebreos 7:1-3.

Muchos de los cristianos no se acuerdan que Elías y Enoc también vencieron a la muerte.

La mayoría de las personas muere antes de cuestionarse la idea que la muerte es inevitable. Incluso aunque crean que están espiritualmente iluminados. Pero no basta con contemplar la idea de inmortalidad física. El ser humano vive “en el corredor de la muerte” y luego se pregunta por qué le va tan mal en la vida. El descubrir la vida eterna en el corazón es fuente de salud para la mente y el cuerpo.

Como seres humanos, ahora no somos inmortales. Somos vulnerables a accidentes, enfermedades y hasta la insania de algunos desquiciados que te roban la vida en un segundo disparando un arma.  Pero la certeza del cristiano es que obtendrá la inmortalidad cuando Jesús venga por segunda vez.

La promesa de la inmortalidad se aseguró cuando Jesús salió de la tumba: y ahora lo ha revelado con la venida de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien destruyó la muerte y sacó a la luz la vida incorruptible mediante el evangelio. 2 Timoteo 1:10.

De hecho, sabemos que, si esta tienda de campaña en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas. (…) Es Dios quien nos ha hecho para este fin y nos ha dado su Espíritu como garantía de sus promesas. 2 Corintios 5:1-5.

Foto: Eduardo Zapata para la Revista Hechos&Crónicas.

 

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