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¿Cómo corregir la desobediencia en nuestros hijos?

En el manual anterior Fundamentos para heredar, revisamos los tipos de desobediencia que debemos reconocer en nuestros hijos. En esta oportunidad revisaremos cómo podemos corregir este comportamiento y disciplinarlos con amor y sabiduría.

Es importante enseñar a los hijos una obediencia con las tres características: completa, inmediata y con alegría. Por eso no podemos dejar pasar la desobediencia. Hay momentos en que tenemos que disciplinar a nuestros hijos. ¿Cómo hacerlo? Hay varias maneras:

  1. Disciplina verbal

Es la más fácil, es la que conocemos nosotros que a veces la obviamos y la pasamos, no le damos la instrucción a nuestro hijo sino de una vez pasamos al castigo físico, pero la primera debe ser la corrección verbal, es un simple ven acá, no hagas eso, por ahí no, no digas eso, nosotros no decimos malas palabras, etc. Esta corrección funciona muy bien con algunos niños con otros no, hay chicos que tú les dices muchas veces y no lo logran entender.

Esta es una forma que les duele bastante a los chicos pues les cuesta.

Reúnase con su pareja y definan qué le van a limitar a su hijo, o qué privilegio le van a quitar. No se apresuren a tomar la decisión porque a veces estamos enojados y decimos: no puede volver al colegio por seis meses, ¡ellos felices! No puede volver a la iglesia por seis meses. ¡No! No castigue a su hijo quitándole la oportunidad de conocer a Dios, no ir a la iglesia no es un castigo.

Quítele el celular o el computador; si a su hijo le gusta el fútbol, entonces este domingo (solo este domingo) no puede ver el partido y juega su equipo preferido. Se trata de poner un castigo de acuerdo con los gustos de su hijo, pero sin exagerar.

  1. Un trabajo extra

A algunos niños no les importa  que se les corrija con varita siempre y cuando se salgan con la suya, incluso hay niños que ni siquiera lloran y se aguantan el dolor cuando los papás utilizan el castigo físico. A este tipo de niños los podemos corregir con trabajos extra: lavar la loza todo el día, tender la cama de todos, ayudarle al papá, lavar el carro, etc. Nada exagerado y todo con mucho amor, pero que comprenda que se trata de un castigo.

  1. Castigo físico

Este es el punto más debatido y que más nos cuesta, pero hay chicos que necesitan la varita. Muchas personas preguntan si debemos corregir con la varita o no. La respuesta es sí, lo debemos hacer. Proverbios 22:15 dice: La necedad es parte del corazón juvenil, pero la vara de la disciplina la corrige.

La vara de la disciplina debe ser adecuada: plana de madera, (no de metal), que tenga un buen peso para que cuando caiga golpee, para que no se rompa. Pero ¡cuidado! No podemos exceder la fuerza. Antes de corregir a nuestros hijos, debemos dejar a un lado el enojo y la frustración, pues podemos excedernos.

Otro punto importante es que antes de corregirlos debemos explicarles el motivo por el cual los vamos a corregir. Hay hijos que no cambian su comportamiento porque nunca comprendieron el motivo por el cual fueron disciplinados. Hay que explicarles las reglas con anterioridad para que ellos sepan qué cosas no son negociables y también hay que advertirles.

Primero hay una instrucción, una advertencia, luego la disciplina y si después de esto no obedeció, es momento de corregir con la varita.

La vara se usa en la parte trasera o en el muslo, sin llegar a lastimar o herir al niño, quiero ser claro en eso, sin herir al niño, no es que hasta que le salga sangre, la letra con sangre entra, no señores, no es así.

Nunca lo golpees en la cara, ni con la vara, ni con la mano. Si nosotros le enseñamos a nuestro hijo que la mano es para bendecir, saludar, consentir, comer, con la misma mano que yo consiento a mi hijo le digo que lo amo y lo abrazo, no lo puede corregir. Además, golpearlo en la cara es humillarlo y seguramente eso no es lo que queremos. Eso no se hace. Dios es muy sabio y por eso nos da la manera de instruir y corregir a nuestros hijos.

La corrección genera dolor, pero el dolor trae un cambio. Cuando usted ha atravesado situaciones difíciles en las que ha sentido dolor en su corazón, sabe que lo han llevado a un cambio. Igual ocurrirá con su hijo.

Hágale entender que hizo algo mal pero dígale que lo ama, siempre. Después de que lo corrija cuando hizo algo mal abráselo y dígale que lo ama y que porque lo ama lo corrige. El amor perfecto es el amor de Dios y Dios nos corrige, entonces nosotros corregimos a nuestros hijos.

Pero decirle que lo ama y abrazarlo no significa pedirle perdón, porque fue él quien hizo algo mal, no usted.

Hay un punto importante: usted no puede corregir a sus hijos si no les ha explicado qué es lo que no deben hacer. Así que comience por establecer normas y límites en su hogar. Hágalo con su pareja y luego explíqueles a los chicos, de manera  que a ellos les quede claro. Deben ser normas equilibradas hacia los padres y los hijos. Si usted es padre soltero o madre soltera pida ayuda, pida consejería para que las reglas tengan el equilibrio y la sabiduría que necesita.

En ese punto establezcan qué merece varita y qué no. No podemos caer en el error de que todo se resuelva dándoles varita y excedernos. No puede andar pegándole a su hijo por todo porque hay un momento en que deja de funcionar. La corrección, así como la obediencia, debe ser inmediata. Suponga que usted está en la casa del pastor y su hijo se portó mal. Lo va a corregir, pero ¿cómo le voy a pegar en la casa del pastor? Quien se portó mal fue el niño, no el pastor. Pero si usted llega a la casa dos o tres horas después, su hijo ya no se va a acordar de lo que hizo. Usted debe llamarlo en el momento y decirle “lo que hiciste no estuvo bien, ya te había advertido, así que cuando lleguemos a casa vamos a hablar de tu castigo, pero la conversación debe darse en el momento.

Hay unos hogares que yo llamo restaurados que tienen hijos de un lado y del otro, “los tuyos, los míos y los nuestros”. En estos casos hay que establecer unas normas muy claras en la corrección a los hijos. Cuando yo soy el papá llegué con un hijo a mi matrimonio y también tenemos hijos, lo mejor es que sea el padre o madre biológica quien lo corrija con la vara para evitar excederse en la fuerza o que el hijo se rebele y diga: “usted no es mi papá, no me puede pegar”. Es mejor evitarse problemas.

Dios ha establecido que todo tiene un orden, así que establezcan ustedes también ese orden. No pasen el límite y den buen ejemplo a sus hijos. Todo esto funciona pero con amor. Pablo dice en 1 Corintios 13 que: sin amor no somos nada. Podemos aprender cualquier cantidad de cosas, asistir a charlas, seminarios, escuelas de padres, etc., pero si no ejercemos con amor, nada va a funcionar. Mateo 18:5-6 dice: Y el que recibe en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí. Pero, si alguien hace pecar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una gran piedra de molino y lo hundieran en lo profundo del mar.

La Palabra de Dios es clara y fijémonos cómo es de dura al advertir a quienes hacen pecar a un niño. No podemos excedernos con la fuerza contra un niño, ni instruirlo mal. Es nuestro deber respetar a nuestros hijos y entender que todo funciona con amor.

Por: Alfonso Cristiano, líder de Rocakids en Casa Sobre la Roca Sabana Norte.

Foto: 123RF

 

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