Cisterna

Abre el corazón y sana

Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Deuteronomio 6:4-6.

En hebreo, el concepto de corazón habla del hombre completo, pleno, en su totalidad, pues el corazón se concebía como el centro que gobernaba todo. Es por eso que Dios dice: “Lo primero que necesito que hagas es darme tu corazón”.

Amamos a Dios, nos entregamos a Él y allí en ese todo que es el que dirige nuestra vida, allí grabamos la palabra del Señor, pero necesitamos guardarlo. Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida. Proverbios 4:23. Es importante enfocarnos en el trabajo de  prevención para cuidar el corazón, pero también de sanidad y restauración. Hay que limpiar el corazón. Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Mateo 5:8.

Para limpiar el corazón debemos buscar a Dios y confesarnos sin justificaciones. No podemos venir ante Dios a darle excusas pues Él nos conoce, así que debemos cambiar de actitud. Una de las razones para venir ante el Padre y confesarnos es nuestro cambio personal. Es para que nosotros veamos y escuchemos. A veces nos presentamos ante el Señor con una lista de excusas y con una lista de peticiones, y no le damos mucho tiempo a Dios de hablarnos.

Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura. Hebreos 10:22.

Dios nos pide que nos acerquemos con un corazón purificado. Es decir, tenemos que pasar por un proceso de escudriñarnos nosotros mismos para saber qué es lo que está pasando dentro de nuestro corazón. Si no conocemos lo que hay en nuestra raíz, lo que nos mueve podemos equivocarnos y llegar a situaciones que no quisiéramos llegar. Si conociéramos lo que es realmente nuestro corazón, tal vez meteríamos menos la pata.

Otra forma de limpiar nuestro corazón es abrirlo a otros. No a cualquiera, sino a quien pueda ser guía y apoyo en oración. No se trata de abrirse completamente, debemos tener cuidado con esto, pero sí de buscar ayuda, ojalá en las autoridades de su iglesia. Recuerde que su corazón le pertenece a Dios y Él es el único que tiene derecho a saberlo todo. Con Dios usted puede hablar en lo más íntimo y entregarle lo más guardado. Dios justo, que examinas mente y corazón. Salmos 7:9.

A veces es necesario buscar ayuda y abrirse ante alguien que pueda guiarnos. La Biblia dice cómo hacerlo: El que recibe instrucción en la palabra de Dios, comparta todo lo bueno con quien le enseña. Gálatas 6:6.

Si yo extrapolo este versículo y digo: “Comparta todo lo bueno y todo lo malo”. ¿Con quién tengo que compartir? Con mi autoridad, con quien me enseña. Hablar por hablar no edifica, pero hablar con la persona que nos guía en el tema, eso sí edifica, aunque el mejor examen del corazón lo hace Dios.

Una vez restaurado, debemos hacer lo que según el Nuevo Testamento hacía María: guardaba su corazón en todas las cosas que le decían y que veían de Jesucristo. Así se nos pide a nosotros, guardar la palabra de Dios en nuestro corazón.

Foto: Eduardo Zapata

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