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El trabajo está destruyendo mi matrimonio

¿Usted o su cónyuge están trabajando más horas de las deseadas? ¿Siente que están perdiendo su relación de pareja? No se preocupe, Hechos&Crónicas investigó sobre el tema y le cuenta cómo impedir que su matrimonio tambalee por causa del exceso de trabajo.

En esta época, las responsabilidades laborales están sobrevaloradas. Es común que las oficinas busquen entre sus perfiles personas que trabajen bajo presión y disponibles 24 horas al día, siete días a la semana. Parece un gran atractivo, pero realmente es un punto de quiebre en las empresas, pues demuestra falta de organización e interés por sus empleados.

¿Por qué? Porque nadie trabaja a gusto bajo presión. A pesar de aprender a manejarlo y responder adecuadamente, nadie lo hace con total agrado. Nadie, por más comprometido y enamorado de su trabajo, disfruta que le sean arrebatados sus momentos de distracción o su tiempo en familia para cumplir con responsabilidades extras. Será por esto que solo 76% de los colombianos se siente feliz en su trabajo.

Entonces, no querer trabajar 24 horas no significa que no amemos nuestros trabajos o que no estemos comprometidos, significa que tenemos más vida además de la laboral.

Cada persona tiene una condición de vida diferente. Sin embargo, no todos los jefes comprenden esto y aparece el punto de quiebre entre el deseo de cumplir con ese trabajo que tanto amamos y el de disfrutar las demás áreas de la vida, más aun cuando alguien nos espera en casa.

El trabajo me está separando de mi esposo

“Llevo 10 años de casada. Siempre hemos sido una pareja muy unida y tenemos dos bellos hijos. De un tiempo para acá mi esposo ha tenido un aumento grande en su carga laboral. Muchas veces debe quedarse en la oficina hasta tarde para ponerse al día. Yo lo entiendo, en mi trabajo ha ocurrido lo mismo, pero no es fácil. Mis hijos preguntan por qué papá no llega a tiempo para comer en familia o por qué no está para contarles un cuento antes de dormir.

Dicen que odian su trabajo porque ya no tiene ganas de jugar con ellos. Yo no sé qué responderles porque me siento igual. Me siento sola, siento que él ya no tiene tiempo para nuestra familia y cuando lo tiene está demasiado cansado para compartir. No quiero ser una carga más para él, porque sé que no es su culpa, pero no sé cómo manejar la situación”, cuenta María Valdés a Hechos&Crónicas.

¿Por qué se da el exceso de trabajo?

Como María, son muchas las esposas e incluso esposos que viven una situación similar. El exceso de trabajo los separa de sus seres queridos. No importa si es usted o su pareja quien está trabajando de más, es momento de hacer un alto. Cualquier exceso en la vida es producto del desorden y de alterar las prioridades. Nada funciona correctamente en un ambiente desordenado, es más, donde hay desorden, no hay espacio para Dios.

No tiene nada de malo que trabaje, es más, el trabajo es un mandato divino. 2 Tesalonicenses 3:10 dice: «El que no quiera trabajar, que tampoco coma». Lo que está mal es que su trabajo invada su vida personal y lo aleje de su cónyuge.

Luis Alfredo Rodríguez, líder del ministerio de parejas Casa2 de Casa Sobre la Roca Bogotá explica: “Dentro del matrimonio, el exceso de trabajo se da por el afán de conseguir las cosas  rápido. Lo que los papás tardaron 20 o 30 años en conseguir, hoy los jóvenes quieren conseguirlo en dos o tres. Pero ¿a qué costo? En muchos casos afectando la relación de pareja porque se trata de una invasión al reino privado. Cuando un agente externo al matrimonio (como el exceso de trabajo) pasa los límites, se convierte en un altar, en un Dios. Esto ocurre por carencias, falta de fe, porque se quiere esconder un problema en su vida propia o por mal manejo de las finanzas.

Pero principalmente demuestra que no le creo a Dios. Al pensar “si yo no trabajo, no como, si yo no cumplo mis labores, ¿quién más lo va a hacer por mí?”, tiendo a confiar primero en mí mismo y a desconfiar de las promesas de Dios y de su provisión para cada uno de nosotros.

¿Cómo contrarrestarlo?

Entregando mi vida a Cristo, entregándole el control. Recordando que el proveedor no soy yo, sino Dios. No se trata de volverme vago ni perezoso, sino un trabajador digno y proveedor en mi hogar no solo de dinero, sino de amor, protección y seguridad.

¿Qué hacer ante el exceso de trabajo? ¡Parar! Las cosas dadas por Dios tienen un orden, de lo contrario ocurre lo que dice Eclesiastés 2:18-19: Aborrecí también el haberme afanado tanto en esta vida, pues el fruto de tanto afán tendría que dejárselo a mi sucesor, y ¿quién sabe si este sería sabio o necio? Sin embargo, se adueñaría de lo que con tantos afanes y sabiduría logré hacer en esta vida. ¡Y también esto es absurdo! Esto se convierte en una bola de nieve que afecta también a los hijos. Es un absurdo, un correr tras el viento.

Cuando se tienen en orden las reglas y prioridades de la vida, conocemos nuestros alcances y hasta dónde podemos llegar. Los jefes lo van a entender, y si no, debe preguntarse ¿es la voluntad de Dios que esté en este trabajo? Porque si nos saca del reino privado, genera angustia, miedo, temor, etc. Probablemente no es de Dios. Cuando entiendo Colosenses 3:1, concentro mi atención en las cosas de arriba, y pongo mi confianza en Dios, las cosas de abajo ya no me someten”.

El trabajo es una bendición de Dios, pero no puede ocupar Su lugar ni el de la familia. Si siente que está trabajando demasiado, revise el orden de sus prioridades y organice su vida. Solo así Dios lo va a bendecir.

Por: María Isabel Jaramillo – @MaiaJaramillo

Foto: 123RF

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