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La familia, mi mejor empresa

Hay organizaciones prestigiosas que causan orgullo, pero nosotros tenemos el privilegio de estar en la más increíble creada en la mente de Dios: la familia. Ser padres es un verdadero privilegio.

¿Qué se necesita para trabajar en esta empresa?

Hombres sabios dispuestos a ocupar el mejor cargo que existe, por eso tiene el mejor pago y la más grande remuneración a largo plazo. El salario son cantidades ilimitadas de besos, abrazos, te quieros, cartas, risas, etc. y el reto y la satisfacción de formar y preparar nuevas generaciones que impacten el mundo para Cristo.

El contrato es vitalicio, por eso los requisitos para ejercer son amplios y hay que estar dispuesto a desarrollar toda clase de habilidades.

El hombre debe ser líder, cabeza de familia, protector, amar y servir como Cristo, que es el gran ejemplo. Pastor de su familia, guerrero de oración y responsable del desarrollo espiritual de su hogar. Proveedor, maestro, guía, entrenador deportivo, coach motivacional, todero (porque debe responsabilizarse de los arreglos de la casa, nada de poner a la esposa) y mecánico, entre muchas otras cosas.

La mujer debe ser multifacética: ayuda idónea para el esposo (es lo básico, lo que Dios nos ha llamado a ser). Guerrera de oración maestra, enfermera, psicóloga, recreacionista, animadora, entrenadora deportiva, profesora de baile, chef, nutricionista, consejera sentimental, asesora de imagen, coach motivacional, chofer, costurera y decoradora, entre muchas, muchas, muchas otras labores que realizamos cada día.

No podemos dejar perder ese rol ni quitarle la importancia que tiene para nosotras. El mundo ha restado importancia a ser esposa y madre, pero es un engaño que el enemigo les está metiendo en la cabeza para sacarlas de ese rol especial que con el cual Dios las creó. El ideal sería trabajar medio día del tiempo y el resto dedicarlo al hogar.

Trabajo en equipo

Y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo” Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Mateo 19:5-6.

Es fundamental que trabajemos unidos y antes de tomar cada decisión vayamos juntos ante Dios. Además, debemos amarnos. Los hijos necesitan una pareja que se ame, no corazones divididos. Uno sólo puede ser vencido, pero todos pueden resistir cordón de tres dobleces no se rompe fácilmente. Eclesiastés 4:12.

Debe haber un balance y una organización en las prioridades de la vida: 1. Dios 2. Cónyuge 3. Hijos 4. Trabajo 5. Iglesia 6. Parientes 7. Amigos.

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Propósito

Estos son los mandamientos, preceptos y normas que el Señor tu Dios mandó que yo te enseñara, para que los pongas en práctica en la tierra de la que vas a tomar posesión, para que durante toda tu vida tú y tus hijos y tus nietos honren al Señor tu Dios cumpliendo todos los preceptos y mandamientos que te doy, y para que disfrutes de larga vida. Deuteronomio 1:9.

El propósito principal es darle la gloria a Dios en todo lo que hacemos. Y eso impactará generaciones que se levanten hoy a hacer lo mismo. Criar a nuestros hijos es nuestro primer ministerio y el llamado más grande que tenemos a evangelizar. A veces queremos hacer la diferencia en otro lado, pero debemos empezar por lo que tenemos cerca: nuestros hijos, nuestro primer campo misionero.

No es una labor que le corresponda simplemente a la iglesia. El colegio, la iglesia y los ministerios son instrumentos que Dios utiliza para moldear, pero nuestra responsabilidad como padres tiene un impacto eterno.

Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa. Salmo 127:3 Debemos verlos como ese regalo que Dios nos ha dado.

Por mi parte mi familia y yo serviremos al Señor. Josué 24:15b.

Nuestra misión es que nuestros hijos, después de los años que vivan con nosotros, se vayan con amor sabiendo qué es caminar con Dios y con esa fe en Dios en su corazón. “Si no enseñamos a nuestros hijos a seguir a Cristo el mundo les va a enseñar a no hacerlo”. Es un tema de vida o muerte la verdad y nuestra labor es muy importante.

Leamos 2 Timoteo 1:5. Es una invitación para que no nos desanimemos aunque veamos las cosas difíciles en este mundo, porque Dios está de nuestro lado. Si tenemos la posibilidad de enseñarles a nuestros hijos la Palabra desde chiquitos, mejor. Pero si ya están grandes, nunca es tarde.

“La mejor herencia que se le puede dar a un niño es enseñarle a amar a Dios”. El estudio, la herencia económica, etc son importantes, pero si la labor que hacemos cada día como padres lleva a que nuestros hijos amen a Dios, ya cumplimos. Ese es el mejor regalo que les podemos dar.

Requisitos

Capacitación constante

No es necesario contar con todos los conocimientos sino con la disposición del corazón, pues el Espíritu Santo será quien nos capacite permanentemente. Podemos aprender a ser padres y hacer un mejor trabajo si nos preparamos un poco más.

Lo primero es leer la Palabra de Dios y seguir el modelo del Padre celestial. Podemos observar a padres que admiremos y por supuesto, nuestra propia experiencia. La oración los cubre y también es fundamental para prepararnos y que Dios nos revele lo que debemos hacer.

Ser ejemplo

Sus hijos los están observando siempre. No hay nada mejor que verlos imitar lo que sabemos correcto. Si está haciendo cosas que no debe hacer, deje de hacerlas, ellos lo van a notar.

Haga lo que tenga que hacer para sintonizarse con Dios, para ser el hombre que Dios desea que usted sea. El que su esposa necesita, el que desearía que su hijo fuera y aquel con quien quisiera que su hija se casara. Es un esfuerzo enorme y una gran responsabilidad, pero sí se puede. Dios nos respalda cada día.

Tips para tener éxito

1. Amar incondicionalmente. Trabajemos en el amor que damos a nuestros hijos basándonos en 1 Corintios 13.

2. Buena comunicación. Es la base de toda relación. No es a la fuerza obligarlos a que hablen, es con amor poco a poco meterse en su mundo, pero debemos estar enterados de lo que ocurre con ellos. Además, debemos cuidar lo que les decimos pues en la lengua hay poder de vida o muerte.

Debemos comprender la magnitud que tiene una palabra hiriente en la vida de su hijo, pues se queda en su mente y en su corazón y no se borra tan fácilmente. No nos dejemos llevar por el enojo, al contrario, debemos brindarles palabras de afirmación.

3. Tiempo. A veces estamos en casa físicamente, pero emocionalmente no. Debemos dedicarles tiempo intencional, volver a los hábitos de comer en familia, aunque sea una vez al día. Hablar, jugar, compartir y ojalá sin celulares, el celular nos está robando las relaciones interpersonales.

4. Disciplinar con amor y respeto. Los padres deben ponerse de acuerdo conforme a la Palabra de Dios, estar alineados y dejarles claros los límites y las reglas. Esto porque la necedad es parte del corazón juvenil, pero la vara de la disciplina lo corrige. Si lo hacen de esta forma, va a haber resonancia cuando el niño esté con uno de los dos.

Utilice la varita, nunca sus manos, pues estas son para acariciar, para edificar, para afirmar. Proverbios 29:15 dice: la vara de la disciplina imparte sabiduría…

5. Pedir perdón. Debemos reconocer cuando nos equivocamos. Es una de las cosas más complicadas que hay, pero sana el corazón. No se deje llevar por el cansancio o el estrés si tuvo un día pesado. El hombre crea un balance cuando llega a casa. Dejen los problemas antes de entrar.

Colosenses 3:21 dice: Padres no exasperen a sus hijos no sea que se desanimen. Este versículo tiene mucha profundidad. Entendamos que somos de otra generación y no seamos cansones. Preocupémonos por estudiar a nuestros hijos para entenderlos, no para exasperarlos.

Hombres: Yo lo he elegido para que instruya a sus hijos y a su familia, a fin de que se mantengan en el camino del Señor y pongan en práctica lo que es justo y recto. Así el Señor cumplirá lo que le ha prometido. Génesis 18:19.

Mujeres: La mujer sabia edifica su casa; la necia, con sus manos la destruye. Proverbios 14:1. No siempre somos las más sabias porque no somos perfectas, pero esta tiene que ser nuestra meta, edificar nuestra casa día a día.

Un hogar anhelado

Durante la infancia se sientan las bases de quiénes serán y en la adolescencia lo que necesitan es guía, por eso no debemos alejarnos, por el contrario, necesitan que nos metamos en su mundo, en las redes sociales, en sus gustos, que los conozcamos y participemos en sus vidas.

Debemos actualizarnos para saber qué están viviendo y que seamos nosotros quienes hablemos con nuestros hijos y no los medios, las redes, los youtubers, etc. Así que no se aíslen de sus hijos Porque de eso es el peor error que podemos cometer.

Sus hijos deben sentirse seguros en casa, debe ser un hogar anhelado. Si no les gusta llegar a casa o prefieren estar con sus amigos, seguramente lo que encuentran no les agrada. Es nuestra responsabilidad cuestionarnos y convertir nuestra casa en un sitio seguro para compartir nuestras luchas, donde se fomente la comunicación, un lugar de alegría, amor y aceptación donde cada miembro de la familia se sienta valorado y sobretodo donde Dios sea el centro porque el objetivo es eterno.

Por: María Amparo y Diego Guzmán.

Foto: 123RF

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