Jueces

El terrorismo de los terroristas

Los terroristas buscan difundir y anidar sistemáticamente el miedo con actos esquizofrénicos y a partir de sus explosiones mortales presionan a Estados y Gobiernos y a la sociedad en general para que acatemos sus proclamas seudopolíticas. No siempre lo alcanzan, pero cuando algo alcanzan, adiós vida, bienvenida muerte.

Aquellos son grupos pequeños o unipersonales con algún dinero mal habido para invertir en su desdichada causa.

Para un Estado instituido democráticamente (por el voto popular, por ejemplo) corresponde combatir el terrorismo por el empleo de sus autoridades, como organismos de inteligencia o de policía o militar o judicial y siempre popular. Lo que sea legal, dicen aquellos, deben combatirlos a diestra y siniestra hasta aniquilarlos, aprehenderlos, juzgarlos y enviarlos a una lejana prisión a hablar con el viento o con los rumores corporales de otros presos.

Son incontables los actos arrasadores aunque Wikipedia los ha contabilizado desde 1969 hasta 2017 y son más de 48 años de terrorismo, tarea difícil para cualquier gobierno serio. Solo en un año, 1983, hay siete páginas sucintas sobre una docena de actos terroristas en el mundo.

Luego del episodio de las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, el gobierno de Estados Unidos extendió su concepto de terrorismo para incluir a opositores al régimen de turno. Entonces, aumentaron los atentados de impacto en diversos lugares del mundo hasta superar el medio centenar pero dejando por fuera de este tétrico listado a los coches bomba en España, Irak, México, Israel, París, Afganistán e Irak y otros.

Los grupos yidahistas, dentro del Islam político, son más agresivos y radicales. Ahí está el grupo de Al Qaeda.

El terrorismo nunca podrá ser comprendido porque no tiene lenguaje aunque muchos hablan las secuencias del árabe, de donde provienen y a donde irán luego. Sus víctimas, pueblos enteros, son azotados por una violencia que desafía la imaginación humana.

Ahora, pueblos enteros son azotados por esta violencia convertida en terrorismo y así, consecuentemente, se denomina en Occidente con el apócope del terrorismo de los terroristas. Las guerras no existen, pero subsisten.

Las víctimas no son de alguna guerra convencional sino de guerras ilegítimas como las promovidas por o contra Afganistán e Irak o como la guerra de guerrillas intestina que desangró a Colombia durante seis (¡6!) décadas, sesenta largos y sangrientos años que estamos acabando de padecer. Bendito seas, Señor, al apaciguar esta laaaaaarrga guerra de guerrillas salvajemente salvaje.

Hoy, en este punto y hora podríamos pensar en la refundación de nuestra Colombia mediante un tácito pacto de convivencia pues de no ser así solo quedaría para el futuro la guerra permanente de aquellos que cargan las armas contra los demás que no cargamos ni un alfiler porque hasta los alfileres nos molestan.

No queremos, por motivo alguno, que Colombia se re convierta en el terrorismo de los terroristas. Y que Dios nos proteja. Y, sí, ciertamente, Él nos protege y nos protegerá. Amén y amén.

Foto: 123RF

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