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Apoye a la democracia, respete a la autoridad

En las reuniones familiares o de amigos, el tema de la política es muy común para tratar. Es mi caso. Tanto en el chat que tenemos en la familia como en las reuniones, se habla del presidente actual, del anterior y del futuro. Unos critican, otros defienden, pero en su mayoría las palabras no son exactamente de bendición.

Al salir a la calle, me doy cuenta que las cosas no son muy distintas. Los carros llenos de pegatinas pidiendo apoyar la revocatoria del alcalde o las personas que esperan en la fila de un banco despotricando del presidente; en fin, pareciera que lo que producen las autoridades es un profundo odio y desprecio.

No podemos culpar a los colombianos por su desconfianza en las autoridades. Los índices de corrupción en nuestro país son cada vez más elevados. Por ejemplo, un estudio realizado por ‘Transparencia por Colombia’ reveló que ninguna de las 167 entidades públicas evaluadas clasificó en nivel bajo de riesgo de corrupción, todas están en nivel alto o moderado.

En cuanto a la percepción de corrupción, el más reciente informe de Transparencia Internacional, reveló que Colombia obtuvo un puntaje de 37 sobre 100 (siendo 0 muy corrupto y 100, muy limpio). Un puntaje bastante desalentador.

La imagen desfavorable es otro factor para analizar. Según un estudio hecho en Colombia por revista Semana para clasificar la gestión presidencial, a los mandatarios de los últimos años, en términos globales, les va mal en su calificación, con excepción de César Gaviria, que ocupa la casilla 10 de 42 analizados, de Virgilio Barco (13) y de Alfonso López Michelsen (14). Ernesto Samper (40) y Andrés Pastrana (35), en cambio, están entre los últimos. Álvaro Uribe, quedó en el puesto 20.

Sin embargo, no somos tan inocentes como creemos. No se trata de que nuestros gobernantes sean corruptos allá en un palacio o capitolio muy lejano a nosotros mientras estamos aquí esperando a que cumplan sus promesas de campaña. No. Fuimos nosotros quienes votamos por ellos. El italiano José de Maistre dijo: “Cada pueblo o nación tiene el gobierno que merece” y fue ratificado por el cubano José Martí: “Pueblo que soporta a un tirano, lo merece”.

Así que si nosotros los elegimos (no se lave las manos asegurando que usted no votó por el candidato elegido, recuerde lo que significa democracia), debemos aportar algo a sus labores como gobernantes ¿qué? Pues oración: Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador, pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad. 1 Timoteo 2:1-4.

No se trata de que esté de acuerdo con todo el programa político del presidente o alcalde, incluso de su jefe, tampoco que se le haya quitado su derecho a opinar, pero sea sincero ¿con sus palabras bendice o maldice a las autoridades de su país, ciudad, empresa, etc.?

De lo que se trata es de aplicar la conducta del creyente: Recuérdales a todos que deben mostrarse obedientes y sumisos ante los gobernantes y las autoridad es. Siempre deben estar dispuestos a hacer lo bueno: a no hablar mal de nadie, sino a buscar la paz y ser respetuosos, demostrando plena humildad en su trato con todo el mundo. Tito 3:1-2.

Es nuestro deber aceptar las autoridades que tenemos y respetarlas, sin denigrar de ellas. Nuestra primera obligación es orar por ellas, no porque nos simpaticen, sino porque Dios los puso como cabeza de nuestro país, de nuestra ciudad y de nuestra empresa, si a ellos les va mal, pues probablemente a todos nos irá mal. Tan elemental como eso.

Además, la oración por las autoridades es un mandato que trae a nuestros corazones paz y tranquilidad. No importa si son o no creyentes o si prefieren negar a Dios, se trata de personas que Dios podría tocar, incluso a través de nuestro testimonio. Si las acciones de nuestros gobernantes son reprochables, corruptas, negativas o dudosas, son ellos quienes tendrán que rendir cuentas a Dios y a la justicia de esta Tierra. No nos corresponde juzgarlos. Asimismo, nosotros también tendremos que dar cuentas a Dios por nuestras palabras y críticas y sobre el ejemplo y testimonio que dimos a nuestros hijos o a quienes nos rodean.

Así lo enfatiza Pablo en su carta a los Romanos: Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él. Por lo tanto, todo el que se opone a la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido. Los que así proceden recibirán castigo. Porque los gobernantes no están para infundir terror a los que hacen lo bueno, sino a los que hacen lo malo. ¿Quieres librarte del miedo a la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás su aprobación, pues está al servicio de Dios para tu bien.

Pero, si haces lo malo, entonces debes tener miedo. No en vano lleva la espada, pues está al servicio de Dios para impartir justicia y castigar al malhechor. Así que es necesario someterse a las autoridades no solo para evitar el castigo, sino también por razones de conciencia.

Por eso mismo pagan ustedes impuestos, pues las autoridades están al servicio de Dios, dedicadas precisamente a gobernar. Paguen a cada uno lo que le corresponda: si deben impuestos, paguen los impuestos; si deben contribuciones, paguen las contribuciones; al que deban respeto, muéstrenle respeto; al que deban honor, ríndanle honor. Romanos 13:1-7.

Foto: Cortesía Policía Nacional de Colombia

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