Rev. Dario Silva-Silva

Rev. Dario Silva-Silva

Comunicador Social y Periodista desde su adolescencia y durante 30 años consecutivos en diversos medios escritos, radiales y televisivos. En 1984 se convirtió a la Fe Cristiana, cursó estudios de formación teológica y fue ordenado Ministro del Evangelio.

Fundador y Presidente de Casa sobre la roca - Iglesia cristiana Integral

La revista Semana Educación me solicitó algunas ideas sobre la educación religiosa. Trataré de resumirlas. Impedir o coartar la educación religiosa es una violación de normas constitucionales y legales. La ley Estatutaria 133 de 1994, consagra el derecho “de elegir para sí y los padres para los menores o los incapaces bajo su dependencia, dentro y fuera del ámbito escolar, la educación religiosa y moral según sus propias convicciones”, y obliga a los establecimientos docentes a ofrecer educación religiosa y moral de acuerdo a la religión de los educandos. La voluntad de no recibirla puede ser manifestada en el acto de matrícula. 

Jesús es la gran figura de la humanidad, es el gran pensamiento navideño, pero no debemos olvidar su audiencia pública. Poncio Pilato se presenta a los balcones de la procuraduría, conduciendo de la mano a un indefenso nudo gordiano de cartílagos y nervios sangrantes, un escombro vital casi apenas vegetativo. Dirigiéndose a las barras enardecidas, suelta sobre ellas su altisonante frase: Ecce Homo: He aquí el Hombre. Y, por cierto, no un hombre en particular, no aquel reo de sedición y blasfemia, sino EL HOMBRE, empleada esencialistamente la expresión como sustantivo colectivo genérico.

En la hipermodernidad y en el mundo entero, el creciente ejecutivismo somete a los líderes de las distintas actividades a grandes tensiones. Los valores morales se han trastocado en títulos/valores. Para el hombre de hoy lo esencialista no es Dios, ni la esposa, ni los hijos, sino el trabajo. Es laboradicto.

La Biblia distingue tres clases de amor: en primer lugar “amor ágape”, el propiamente espiritual, que se definía antiguamente como caridad, es decir, amor a Dios y al prójimo; en segundo lugar, “amor fileos”, que es la amistad; y en tercero, “amor eros”, o sea, la atracción físico-sexual.

El terror vuelve a sacudir el mundo y nos obliga a hablar sobre su influencia religiosa. Las sectas, por su propia conformación, son proclives al fenómeno terrorista. Ello explica casos tan lamentables como los suicidios de los bonzos hinduistas, el gas sarín en el metro de Tokio, y sacrificios colectivos como los de El Templo del Sol en Suiza, o el Templo del Pueblo en Guyana, o los davidianos en Waco. Nuevos movimientos religiosos surgen en el mundo y no deben confundirse con grupos derivados de religiones reconocidas que conservan su estructura fundamental.

En medio de las fuerzas que hoy compiten por conquistar al orbe, Latinoamérica es territorio intermedio, como una Helvetia por donde todos buscan abrirse paso hacia el campo adversario.

En la reciente campaña presidencial no se trataba de elegir un líder espiritual sino un Jefe de Estado. Los electores evangélicos no estábamos enfrentados a escoger entre un candidato cristiano y otro pagano, sino entre dos afiliados, ambos, al catolicismo romano. En ese orden de ideas, no se le podía pedir a ninguno de ellos que compartiera la teología y doctrina evangélicas, sino tratar, en oración y acción, de lograr que se convirtieran a nuestra fe.

La comparación paulina para explicar a la iglesia como “cuerpo de Cristo”, está basada en una ciencia que tenía mucho auge en su época, especialmente entre los griegos y los egipcios helenizados: la medicina, de manera específica la anatomía, objeto de profundos estudios en la gran universidad de Alejandría, donde, al parecer, estudió el doctor Lucas. Como por fuerza de gravedad pienso en Isaac Newton, quien decía: “En ausencia de toda otra prueba, el dedo pulgar solo me convencería de la existencia de Dios”.

En medio de los conflictos, los cristianos nos ofendemos lógicamente con los que echan bala, pero no nos ofendemos de igual manera con los que se roban los dineros públicos. Y, entonces, ¿qué partido podemos tomar allí? ¿A favor de quién o en contra de quién? Realmente nos hallamos dentro de un círculo vicioso de preguntas y respuestas: ¿Por qué hay paramilitares?– Porque hay guerrilleros. ¿Por qué hay guerrilleros? –Porque hay injusticia social. Y la pregunta clave: ¿Por qué hay injusticia social? –Porque hay corrupción.

La cercanía del Mundial de Fútbol, la lesión de Falcao y otros detalles deportivos, han despertado curiosidad sobre la posición cristiana respecto a las actividades físicas.

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