El martes 25 de octubre fuimos a almorzar a un restaurante cualquiera que resultó ser el Bouillon Charlier 1896/1996 en la 7, rue du Faubourg, Montmartre en el corazón de París. Ahí acostumbran almorzar varios funcionarios de las casas comisionistas de la Bolsa de París y de las enormes centrales de abastecimientos de mercancía en general como los inmensos supermercados La Fayette. Éramos dos, Isabel y yo.

Pero había una mesa para cuatro y ya dos clientes iniciaban la lectura del menú. El maitre sentó a dos en una mesa y a los otros dos nos sentó en otra para cuatro cuando solo había dos.

Nos sentamos y al hablar temas normales en español, un francés que no sabía mucho de español, nos dijo: ¿son ustedes de España? Sí, le dije, para distraer el entuerto y no seguir con el tema. Somos de Colombia, dijo Isabel. ¡Ah! De la Colombie, respondió el otro. ¿Y qué hacen por acá? Le aclaramos, por si las dudas, qué hacíamos por allá.

Como impulsado por un rayo de la bolsa, este señor se levantó de su asiento, se dirigió hacia mí y me dio tal abrazo que estuvo a punto de romper mis estructuras óseas: ¡Felicitaciones! ¡¡¡La paz!!! Tienen ustedes la Paz…

Entre tímido y aturdido y como si yo hubiera sido un gestor de esta grandiosa paz, le dije que yo era un colombiano más porque el gestor de semejante proceso había sido y continuaba siendo el presidente Santos.

Me entregó su tarjeta personal y dijo: tenemos mucho de qué hablar. Respondí: quien tiene mucho de qué hablar con ustedes y con muchísima gente es el presidente Santos… sonreí y el francés sonrió. En su tarjeta encontré lo que suponía: es un comisionista de la Bolsa de París quien una y otra vez repitió que esa Paz es grandiosa, grandiosa paz.

Huela a navidad…

Sí… sí… sí ya huele a Navidad y en el ambiente se esparcen rumores y sabores de quienes aman con el corazón.

Amamos a diciembre porque recoge nuestros recuerdos que están ahí para amar y amar aunque veces surgen plagas cuando los alocados guían a los ciegos, como dijo Shakespeare en su Rey Lear. Si eres un elegido, la gloria acabará siempre por asomar su rostro en tu vida. Desecha los sueños porque, según Calderón de la Barca, los sueños, sueños son, y todo sueño es una fuga de la realidad.

Huele a Navidad y a mazapanes frescos y a chocolate caliente y espumoso batido por la abuela con molinillo de palo. Huele a musgo y a leña humeante y a achiras tostadas en el horno de barro. Llega diciembre mes de alegría y animación. Ya llega y tú y yo danzaremos con las hadas de la fantasía y soñaremos con el Niño Jesús recostado en nuestro pesebre hogareño y con los reyes magos trayendo porciones de mirra, incienso y oro. Huele a Navidad y ahí al lado se anima el bosque de las fantasías.

El 24 a medianoche algunos niños cerrarán un ojo para espiar de vez en cuando la llegada de papá Noel, o santa Claus, o el viejito pascuero para dejarnos sus presentes.

Huele a Navidad y en el vecindario suenan villancicos que se acentúan después del 15. Cuando se va el actual diciembre se van los villancicos y nuestros ojos lloran de nostalgia pues solo volveremos a escuchar y a cantar hasta dentro de 11 meses.

Hace mucho tiempo, en un lejano pueblo, existieron tres niños que se caracterizaban por tener unos enormes corazones. Como se acercaba la temporada decembrina, lo niños estaba llenos de deseos de sorprender a sus familias con unos hermosos regalos de Navidad.

Siempre… siempre, en cada minuto de cada 24 horas de cada día del año, las tiendas de joyas, ropas, sofisticados artículos deportivos y etc, etc. se encuentran excelentemente exhibidos a lado y lado de la 5ª. Avenida de la gran metrópoli, Nueva York, pero el 31 de diciembre la vida recobra una agilidad y belleza distintas.

Para los niños, la Navidad es una de las épocas más esperadas, por eso, la seguridad debe ser lo más importante. Hechos&Crónicas da una serie de recomendaciones para evitar accidentes.

Y se acabó para recomenzar. Así es. Cada 31 de octubre, cuando estalla en Colombia el polvorín del Halloween, también se escucha la estampida de un año que se diluye como un tránsfuga huyendo a escondidas sin cancelar sus deudas.

— ¡Saca esos periódicos de aquí!— gritó doña Flor sin contemplaciones. Todo el pueblo la escuchó y se detuvo para presenciar el altercado, pero don Simón, maestro en la escuela, se apresuró a calmar los ánimos. 

La época navideña es sinónimo de unión familiar, de reunirse con los seres queridos y disfrutar una deliciosa cena servida en una gran mesa. Pero todo esto puede complicarse cuando la pareja tiene que decidir si celebra la Navidad con los padres o los suegros.

Era 25 de diciembre y la gran ciudad amaneció lluviosa. Jamás llovía por allá y menos ese día. Siempre los días navideños se alborotaban por un sol esplendoroso y con la algarabía de los chiquillos al desempacar los regalos.

Si hay una fecha que hemos romantizado en occidente es Navidad. Muchos no pueden visualizar el pesebre sin el árbol iluminado, el gordo de pijama rojo, los villancicos, las medias, los regalos y los tres “magos” vestidos con oro y trajes lujosos. Es todo tan lindo... la hemos convertido en un momento de plena satisfacción de nuestros sentidos. 

Jesús es la gran figura de la humanidad, es el gran pensamiento navideño, pero no debemos olvidar su audiencia pública. Poncio Pilato se presenta a los balcones de la procuraduría, conduciendo de la mano a un indefenso nudo gordiano de cartílagos y nervios sangrantes, un escombro vital casi apenas vegetativo. Dirigiéndose a las barras enardecidas, suelta sobre ellas su altisonante frase: Ecce Homo: He aquí el Hombre. Y, por cierto, no un hombre en particular, no aquel reo de sedición y blasfemia, sino EL HOMBRE, empleada esencialistamente la expresión como sustantivo colectivo genérico.

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