Miércoles, 31 Mayo 2017 21:10

Cómo escapar de la ira

Escrito por 
Valora este artículo
(0 votos)

En esta temporada rencorosa post-electoral en Estados Unidos, algunas mujeres están recurriendo a soluciones comprobadas y verdaderas.

El año pasado, la BBC hizo una pregunta que muchos de nosotros todavía nos estamos haciendo: “¿Por qué están tan enojados los estadounidenses?” Según una encuesta de CNN de hace un año, 69% de los estadounidenses están “muy enojados” o “algo enojados”. En ese momento, los republicanos eran los más encolerizados, pero más de dos tercios de nosotros estábamos indignados por la economía, la inmigración, Washington, y el lugar de Estados Unidos en el mundo.

En lo corrido de 2017 se ha echado leña al fuego para las personas de ambos bandos, y muchos de nosotros todavía estamos enojados con estos y muchos otros temas, como lo demuestran los recientes acontecimientos en Middlebury y con otras disputas de libertad de expresión. Si bien es fácil culpar a Trump por el aumento de la ira, su presidencia es un reflejo de nuestra creciente ira y no la causa de ello. Además, hay fuerzas más grandes en el trabajo, más allá de las políticas económicas y de gobierno.

En un artículo reciente para el Atlantic Monthly, Peter Beinart escribe que un creciente secularismo está “haciendo más brutales los enfrentamientos partidarios de Estados Unidos”. Sigue diciendo: “como los estadounidenses se han apartado de las prácticas cristianas, han pasado a ver la política como una lucha entre “nosotros” y “ellos”, muchos han llegado a definirnos a nosotros y a ellos de formas aún más primitivas e irreconciliables. Aunque admite que, “establecer la causalidad es difícil”, la ausencia de fe en la vida de algunas personas ha influido en su comportamiento hacia aquellos con quienes no están de acuerdo.

Para aquellos de nosotros que aún participamos fielmente en las comunidades eclesiásticas de todo el país, seguimos enfrentando el mismo problema de ira y rencor partidista que marca al clima intelectual y cultural americano, aunque por diferentes razones y niveles.

Paula LaVazza, una amiga conservadora, aunque no muy monótona, admite que se siente “más enojada de lo normal. Mucho más enojada”. Tanto, “que me sorprende y me asusta un poco. Muchas personas por las que me preocupo han hecho un giro de 180 grados en muchas de las cosas que creían que eran más importantes, y quieren que lo haga también y me molesta no hacerlo. Todo esto, con frecuencia se convierte en ira”.

La escritora Ellen Painter Dollar cita una razón diferente para su ira: “Mi ira se ve exacerbada por un sentimiento de impotencia. Se siente como si hubiera grandes fuerzas en el trabajo a las que no sé cómo responder. Intelectualmente, creo que nuestro trabajo como seres humanos es hacer el bien cuando podemos, incluso cuando se trata de cosas pequeñas, me aferro a eso y trato de vivirlo; pero ahora mismo, siento que esa actitud también es inadecuada. Así que es ese sentimiento de impotencia lo que atiza mi ira”.

De hecho, la hipocresía y la impotencia están entre las muchas razones para estar enojados en estos días. Lo entiendo, -debe ser un sentimiento común para nosotros. Hay mucho por lo qué estar enojados-. Y vale la pena señalar que soy alguien que por naturaleza se enfada cuando se enfrenta con la injusticia y la crueldad, (mi corazón late fuerte y se acelera) y en general, aprecio el poder de la ira justa. Sin embargo, hay algo en el enojo contemporáneo que me hace dar un paso atrás, girar y centrarme, no porque sea demasiado poderosa o sienta demasiado miedo, sino porque es demasiado común y demasiado constante.

Como personas de fe, tenemos un nombre para este tipo de enojo excesivo “pecado” y también tenemos un guión para saber cómo responder a él. La Biblia está repleta de advertencias sobre la ira exagerada. Proverbios 29:11 dice que: los necios dan rienda suelta a su ira, pero los sabios saben dominarla. Santiago 1: 19- 20 dice: … todos debemos estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarnos; pues la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere. Y en Efesios 4:2-3, Pablo nos recuerda sean siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. Mientras reflexionamos en esto para decir que no debemos exagerar en nuestra ira, aquí hay un problema más profundo de pecado. Cuando nos enojamos y gritamos por nuestra ira, cuando nos envenenamos y nos levantamos en odio y rabia (una amiga cristiana publicó recientemente que se encuentra “odiando como nunca había odiado antes”), nos perdemos el llamado cristiano de amar a Dios y al prójimo.

“He tenido que encontrar maneras de aliviar mi ira porque no creo que sea saludable para mí o para la gente que me rodea”, me dijo LaVazza. Ella tuvo una “epifanía” cuando entendió y afirmó “mi ira no logra absolutamente nada y no persuade a nadie de nada, así que no sirve de nada. Mis logros más pequeños se van a dar tratando de ser más amorosa y humilde, más parecida a Cristo, no por enfadarme”.

Para aliviar su enojo, LaVazza está comprometida con las prácticas espirituales “mucha oración, memorizar versículos de la Biblia y fragmentos de poemas, la respiración profunda, escribir, leer buenos libros y ver buenas películas” para darse un descanso mental. También minimiza el uso de medios de comunicación social, un tema compartido por Dollar.

Dollar dice que sólo utiliza las redes sociales de “formas limitadas, para conectarse con amigos y colegas y otros usos personales”. En lugar de navegar a través de su canal de “noticias, Dollar, va directamente a la fuente de ellas y está tratando de responder al mundo actual a través de acciones concretas en su vida cotidiana y en el trabajo, en lugar de meterse en argumentos de las redes sociales.

“Soy una escritora, por lo que creo que nuestras palabras pueden marcar la diferencia, y hay un tiempo y un lugar para un argumento razonado y apasionado”, dice Dollar. “Pero para mí, ahora mismo, lo más saludable es evitar las discusiones y simplemente hacer lo que pueda cada día para vivir mis valores y mis creencias”.

Dollar dice que está trabajando en aprender a separar su ira “justa” de la impulsiva. Y es prudente hacerlo. Las prácticas espirituales, la limitación de Facebook y otras redes sociales y la revisión de nuestras fuentes de información son herramientas útiles para controlar la ira. Todos necesitamos tiempo para pensar  por nuestra cuenta, para preguntarnos, para orar, para considerar cómo podríamos responder o mejor aún (respirar profundamente) si nuestra respuesta (enojada o no) produce buen fruto.

A medida que cuido mi alma y mi espíritu en estos tiempos de rencor, a menudo regreso a una simple frase que he oído repetidamente (en noticias y conversaciones) en el curso de unos días de este invierno: “Ahora lo sabemos”. Ahora lo sabemos. Estas palabras humildes, más que nada, me han ayudado a aprovechar mi propia ira. Cualquier cosa que yo piense hoy, sea cual sea mi opinión en este momento, podría cambiar mañana, ¿por qué? Porque nos equivocamos con frecuencia, y toda nuestra ira puede ser inútil, a un gran costo.

En el Libro de Eclesiastés, se nos recuerda que debemos tomar la visión larga de la historia humana. Las Escrituras están llenas de historias sobre “lo que sabemos ahora” sobre la gran historia de amor de Dios y su pueblo, historias que ahora podemos ver solo desde la distancia pero que la gente vio de cerca en el momento. Leemos acerca de la ira, la impaciencia y el caos, leemos acerca de cómo ellos agita ron los puños ante Dios porque no sabían el por qué y no sabían el final.

Por supuesto, hay muchas cosas que todavía no sabemos, y es difícil confiar. Pero la humildad -conocer el pequeño lugar que habitamos en el ámbito de la historia- y confiar -que la providencia de Dios prevalecerá en medio de una convulsión circunstancial- son antídotos para la ira que penetra nuestras vidas en estos días. Como nos recuerda el escritor de Eclesiastés: He visto la tarea que Dios ha impuesto al género humano para abrumarlo con ella. Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin. Eclesiastés 3:10-11.

- Caryn Rivadeneira es la autora de siete libros, el próximo será para niños, Grit and Grace: Heroic Women of the Bible (SparkHouse Family, 2017). Caryn vive con su esposo, tres niños y un pit bull rescatado en los suburbios occidentales de Chicago.

Por: Por Caryn Rivadeneira* de Christianity Today

Traducción: Carolina Zamora.

Visto 1074 veces

logo-con-transp4

Revista Hechos&Crónicas es la opción perfecta para los lectores que quieren estar bien informados de lo que pasa en Colombia y el mundo. Analiza desde la perspectiva cristiana integral con cifras, datos y hechos, temas sociales, económicos, religiosos, políticos, deportivos, del mundo del espectáculo, entre otros.
Este medio impreso cuenta con el respaldo de la iglesia Casa Sobre la Roca.

 

Contáctenos

Revista H&C

Tel: (571) 6346100 ext 1090
Cel: (57) 320 275 0899
Email: servicliente@revistahyc.com
Dir: Cll 104 # 14a - 22 
Bogotá - Colombia