Martes, 23 Mayo 2017 17:34

La arrogancia de los arrogantes

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Este sustantivo nació del latín arrogantia y designa a quien se adjetiviza como arrogante, es decir, alguien altanero o soberbio. ¿Conoce usted a alguien así? Bueno… hay muchos por allá y por acá y por más allá y por más acá.

Un ejemplo que traen las gramáticas en español: El actor FULANO se paseó por las calles de la ciudad con su habitual arrogancia, sin siquiera responder con su mano lejana a los saludos de sus admiradores.

Entonces: deja tu arrogancia a un lado y admite que te has equivocado. ¡Zafa con esa equivocación que te lastima! Tu arrogancia no te llevará a ningún Pereira, decimos en Colombia.

Se considera la arrogancia como un defecto de complejidad en la personalidad en determinadas personas. El arrogante exhibe sin querer queriendo un orgullo excesivo y, entonces, se cree con derecho a gozar de privilegios que, en la vida real, no tiene ni le corresponden.

Los psicólogos analistas en este tema, plantean que debemos diferenciar entre autoestima y arrogancia y que, además, sus investigaciones sostienen que nadie desea trabajar o estudiar o viajar o realizar cualquier actividad con un arrogante porque sufre el ser normal y sufre el arrogante pues no hay empatía para gozar de, por ejemplo, un viaje de merecidas vacaciones por Europa.

Agregan psicólogos y psiquiatras que el arrogante nace con una o más carencias afectivas derivadas de un nivel bajo de autoestima. Hay jefes de oficinas que les encanta gritar a sus subalternos y eso es un tremendo error de menosprecio por sus ellos. ¿Quiere usted que su gente laboral produzca más y mejor? Pues trátelos como usted quisiera ser tratado, es decir, con aprecio y lealtad.

¿Qué esconde alguien que declara con desfachatez que es el más inteligente en su equipo de trabajo o que su trabajo es insuperable? Grave error hablar así. Todos somos iguales. Y hagamos una comparación entre un equipo de fútbol donde juegan 11 y todos los 11 son importantes y no solamente lo es quien logra goles.

A lo largo de la historia, la mayoría de genios en cualquier especialidad se han destacado por no ser conscientes de sus inconmensurables talentos y, por lo tanto, y como tal, se le sale decir ante sus compañeros de trabajo que él sabe más que ciertos personajes nacionales.

El arrogante se atribuye una importancia desmedida que basa en su propia autoestima: Yo sé más, yo hago ese trabajo en media hora, yo sé… yo sé… y yo sé.

Entonces, el arrogante actúa en consonancia con esa imagen distorsionada que él o ella tienen de sí mismo.

Imaginemos que para la revista XX alguien que acaba de lanzar una novela al mercado. El autor podría mencionar que está muy contento con el resultado final de su obra, lo que refleja su buena autoestima. Pero si dice que acaba de llevar al mercado de los libros el mejor libro de la historia de la literatura nacional, pues… así demuestra su arrogancia.

Finalmente, la arrogancia puede ser perjudicial tanto para quien la practica como para quien la recibe.

Foto: 123RF

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