Jueves, 05 Octubre 2017 21:49

Errores médicos que matan

Todos hemos escuchado casos de personas que han sufrido los efectos secundarios de un medicamento o de un tratamiento mal aplicado. Personas que consultaron a un especialista por una dolencia y resultaron con otra o incluso muertas. Estos casos, aparentemente poco comunes, se están convirtiendo en una de las mayores causas de muerte en el mundo: muerte por iatrogenia.

Juan Álvarez es un hombre de 77 años. Hace unos meses sufrió un infarto agudo de miocardio. Fue operado de emergencia ‘a corazón abierto’ y duró casi un mes hospitalizado. Los médicos hicieron todo lo posible para salvarle la vida, y lo lograron; sin embargo, algo más comenzó a fallar. Los médicos habían sido claros: debían aplicar con urgencia un tratamiento que salvaría su corazón, pero afectaría los riñones. Juan se recuperó del  infarto, salió a su casa, pero ahora necesita realizar una diálisis tres veces por semana.

“¿Qué puedo decir? Me salvaron la vida, pero me dejaron con esto”, dice Juan señalando la bolsa y mangueras en su costado. “A veces siento que debieron dejarme morir, esto afecta mi calidad de vida. Es costoso, incómodo y vergonzoso. Tengo que ir a las diálisis acompañado, alguien tiene que ir a autorizarlas, en fin, necesito muchos  cuidados y yo no quiero ser una carga. Otros días me siento más optimista y agradezco que me hayan salvado para seguir viendo crecer a mis nietos. Es como una montaña rusa, pero por lo menos tengo vida”, asegura. El de Juan es un típico caso de iatrogenia.

¿Qué significa?

“En medicina se conoce como iatrogenia a cualquier tipo de alteración del estado del paciente producida por el médico. Se deriva de la palabra iatrogénesis que tiene por significado literal ‘provocado por el médico o sanador’ (iatros significa ‘médico’ en griego, y génesis: ‘crear’)”. Así lo explica el médico cubano Gonzalo González, experto en bioética. “Es un estado, enfermedad o afección causado o provocado por los médicos, tratamientos médicos o medicamentos”.

De acuerdo con un estudio realizado por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades, con sede en Atlanta e investigadores de la Facultad de Medicina de la prestigiosa John Hopkins University, es la tercera causa de muerte en EE. UU.:

En Colombia, a pesar de no tener estudios que posicionen la iatrogenia como una de las principales causas de muerte, las cifras no dejan de ser alarmantes: se estima que en Colombia mueren 180 mil personas al año por esta razón.

H&C habló con Álvaro Romero, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de l a Sabana, quien asegura que “el concepto de iatrogenia es complejo, pero inherente al tratamiento médico. Se encuentra ligado a los efectos de la medicina y es previsible aun en los casos en los que el médico formula bien, debido a los efectos secundarios de los medicamentos o tratamientos. Es por esto que los médicos tomamos decisiones basados en la balanza costo-beneficio. Es completamente diferente de la mala praxis que se realiza con dolo”.

Ante todo, no hacer daño

Hipócrates de Cos, “El Padre de la Medicina”, el más famoso de los médicos de la antigüedad, quien probablemente vivió entre los años 460 y 351 a. C., realizó la síntesis de las concepciones filosóficas existentes desde el punto de vista del médico y sus escritos han sido preservados en la Los Tratados Hipocráticos, Colección Hipocrática o Corpus Hippocraticum. Uno de sus mejores tratados es Las Epidemias en el que dice: Pero cuál de esas cosas va a ocurrir preferentemente (ausencia de crisis o sufrimientos o larga duración o muerte o recidiva de los mismos padecimientos), se debe investigar a partir de otros signos. Hay que describir lo pasado, conocer lo presente, predecir lo futuro; practicar esto. Ejercitarse respecto a las enfermedades en dos cosas, ayudar o ante todo no hacer daño: Primum non nocere.

La norma clásica de “ante todo no hacer daño” (primum non nocere) de Hipócrates es una de las bases de la ética médica y ha sido la preocupación de los médicos y cirujanos a través de los tiempos. “Para ello se capacitan en forma estricta en rigurosos programas de residencia hospitalaria. Pero la medicina, que tiene que ver con el ser humano enfermo, está plena de incertidumbres. El organismo es un sistema complejo disipativo aperiódico y no lineal, lo que hoy se denomina un sistema caótico: el organismo no es una máquina y su comportamiento no puede ser previsto por las leyes clásicas de la física o de las matemáticas”, asegura Astolfo Franco, director del programa Política de Seguridad al Paciente del Centro Médico Imbanaco en Cali y docente de la Maestría de Administración de Salud en la Universidad del Valle.

¿El sistema de salud tiene la culpa?

Para el doctor Romero, “debido a la situación del sistema de salud colombiano, los médicos tienen una gran limitación que puede incidir en los casos de iatrogenia, pues cuentan con grandes restricciones en la formulación. Los mejores medicamentos o menos dañinos no están cubiertos. Además, el escenario de las EPS (demora en citas y autorizaciones, poco tiempo en las consultas, demora para exámenes, etc.) hace que la gente no confíe en los médicos o sus tratamientos, no consulte o simplemente asista a una droguería para buscar una fórmula”.

Sin embargo, muchos pacientes son bastante irresponsables a la hora de escoger a sus médicos, de seguir los tratamientos o a la hora de consultar. Además se auto medican, no siguen las recomendaciones y tampoco se cuidan. Si se les manda un tratamiento de antibiótico por una semana, lo toman tres o cuatro días y cuando se sienten mejor, lo suspenden, creando una resistencia bacteriana a los antibióticos. La resistencia bacteriana que hoy amenaza con destruir media humanidad, es consecuencia directa del abuso de los antibióticos.

“Frente al tema estético por ejemplo, la elección de la clínica o el médico está guiada simplemente por el valor monetario: eligen a quien cobre más barato sin analizar los riesgos. Hay una ausencia de sentido común, una irresponsabilidad del paciente frente a su vida y su salud”.

A pesar de esto, la medicina es una ciencia imprevisible, la iatrogenia no se puede evitar del todo. “Creo firmemente, que todos los seres humanos podemos cometer errores. Lo importante es aprender de esas experiencias. Pero lo único que un médico nunca debe desbaratar es la esperanza en sus pacientes. Pues la vida nos ha demostrado muchas veces, que ese diagnóstico le corresponde a Dios”, aseguró Sara Marcela Bocci, catedrática y docente de la Universidad de Cartagena, al referirse al tema.

El problema de las farmacéuticas

La iatrogenia, en muchos casos, viene directamente ligada a los efectos y mejoras de los medicamentos, por ende a las compañías farmacéuticas, que tristemente es un gremio lleno de intereses monetarios.

Juan Ricardo Ortega, columnista de la revista Dinero asegura que “la industria de los medicamentos se ha contaminado tanto por el dinero, que pareciera que se les está olvidando el juramento hipocrático: la ética en la práctica de su oficio”.

Y continúa: “En 20 años, 1955 y 1975, el total de bajas sufridas por el ejército de los Estados Unidos durante la guerra de Vietnam fue de 58.209. Para 2016 se estima que las muertes por sobredosis de medicamentos superan 60 mil, y su monto asciende a 600 mil desde 1999. Más de medio millón de personas jóvenes, con talentos tan extraordinarios como Prince o Phillip Seymonur Houfman, están muriendo en buena medida, por las estrategias engañosas de comunicación de esta industria.

Este negocio es tan lucrativo y tan inmoral que en los Estados Unidos existe un salón de la fama para los estrategas de publicidad de las farmacéuticas (MAHF). A sus ejércitos de vendedores y los gerentes que los azuzan, poco les importa la verdad, o el bien común. Su dios es el dinero, su métrica es el volumen, su objetivo es embutirnos tantas pepas como puedan, importa un comino lo que nos suceda. Los médicos no son más que un vehículo para emitir recetas, manipulable con viajes, seminarios, incentivos y regalos. Que sus medicamentos puedan ser una de las principales causas de mortalidad de jóvenes e inducción a la drogadicción es tan solo un costo de hacer negocios”.

Aunque no parezca, Dios también tiene el control de lo que hacen los médicos y las farmacéuticas y a quienes  se desvían de la ética de la profesión, también los reprende: Porque ustedes son unos incriminadores; ¡como médicos no valen nada! Job 13:4.

¿Cómo minimizar los riesgos?

Para el doctor Romero, los casos de iatrogenia “se minimizan con la rigurosidad. La cantidad gigantesca de muertes está ligada a un uso inapropiado de los tratamientos, a la falta de previsión y concienzuda evaluación, por eso como médico se debe elegir entre todos los tratamientos el que menos afecta y evaluar los efectos colaterales o la combinación de medicamentos que debe tomar el paciente.

A raíz de esto se ha implementado en Colombia, a nivel hospitalario, el concepto de seguridad del paciente. Es una articulación al concepto de aviación Check list en el que el piloto debe repetir un gran número de pasos obvios para verificar que todo esté en orden y minimizar los riesgos.

Lo mismo ocurre al interior de los hospitales. Si el personal médico y de enfermería tiene una comunicación directa con el paciente y la familia, le explica la importancia del tratamiento y cómo debe seguirlo, asegurándose de que este tenga claridad respecto al tema, se pueden evitar bastantes inconvenientes futuros. Incluso existe un estudio de la Universidad de la Sabana, realizado por un farmacólogo que traduce todo este sistema de seguridad del paciente en ahorro de dinero para las instituciones hospitalarias”.

El médico es una autoridad

Los médicos son mencionados cerca de una docena de veces a través de la Biblia y los tratamientos referentes a la medicina más de 30 veces. Incluso Lucas, discípulo de Jesús y autor de uno de los cuatro evangelios era médico (Colosenses 4:14). Esto nos brinda un panorama de la importancia de los médicos y del respaldo que Dios les da.

Aunque no pueden decidir sobre la vida de las personas, Dios los usa para sanar y por esto se les debe respetar como autoridades y obedecerlos si buscamos la sanidad. Ellos tienen un compromiso con Dios y a Él deben rendir cuentas sobre lo que hicieron con sus pacientes. Al oír esto, Jesús les contestó: -No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Mateo 9:12.

Es por esto que no se debe desconfiar de los médicos ni sentir temor por las consecuencias de los tratamientos, sino confiar en Dios que es el médico por excelencia y quien brinda sabiduría y respaldo a nuestros tratantes. Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Tito 2:1.

Por: María Isabel Jaramillo | @MaiaJaramillo

Foto: 123RF

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