Martes, 20 Septiembre 2016 22:38

Intoxicación emocional

¿Alguna vez ha sentido que todo el mundo está en su contra, que vive situaciones demasiado dolorosas y que está atrapado en un mar de sentimientos? Probablemente usted está sufriendo de intoxicación emocional.

Hace un tiempo me sentía miserable. Estaba molesta con todas las personas a mi alrededor. Cada vez que tenía un desacuerdo con alguien, me sentía atacada. Creía que todas las personas planeaban en mi contra. Incluso hacía películas en mi cabeza de cosas que ni siquiera podía comprobar. Me quejaba porque me gritaban, porque sentía que la vida estaba llega de injusticias hacia mí. Además, me sentía cansada todo el tiempo, no rendía en mi trabajo, cada vez tenía menos amigos, peleaba con mi familia y me la pasaba encerrada sin querer hacer nada. No me interesaba avanzar, ni aprender nada nuevo. Sentía que no merecía nada. Estas sensaciones eran cada vez peores, hasta que un día, durante una charla en la iglesia comprendí lo que me estaba ocurriendo. Busqué ayuda dentro de la misma iglesia y a través de mucha oración, Dios nos mostró que tenía que perdonar y soltar esas emociones que estaban intoxicando mi vida. Ahora soy otra persona, mucho más tranquila y feliz. Dios sanó mi corazón”, cuenta Laura Marcela Rodríguez a Hechos&Crónicas.

La psicóloga clínica y organizacional, Isabel Salama lo describe así: “intoxicación emocional es cuando uno siente la vida y lo que sucede a su alrededor desde una emoción embriagadora e invasora, que le impide, a costa de mucho sufrimiento, apreciar las circunstancias desde un punto de vista objetivo, valorando los hechos, y minimizando lo dramático del punto de vista emotivo. La emoción intoxicadora maximiza los hechos convirtiéndolos a veces en mentiras que uno mismo se cree. Cuando se está intoxicado emocionalmente, se procesa la información convirtiendo la interpretación de la realidad en algo autorreferente, egocéntrico y que poco tiene que ver con lo realmente sucedido.

Las causas son traumas no resueltos que se han producido a lo largo de la vida, que disparan ante hechos similares a lo acontecido en el trauma, emociones que fueron en su día asociadas a dichas circunstancias traumáticas. De repente sucede algo que el sistema emocional asocia a recuerdos de otros acontecimientos y reacciona a través de una emoción que intoxica la manera de interpretar”.

En otras palabras, la intoxicación emocional es lo que la Biblia define como raíz de amargura. El pastor Darío Silva-Silva, en su libro “El fruto eterno”, lo explica: “La llamada ‘raíz de amargura’ nace directamente en el corazón, proviene de una semilla maldita plantada en el surco del ser interior y que, al sacar a la superficie ramas y frutos, perjudica a otros. Lo que solemos llamar un “amargado” es aquel que tiene sembrada la raíz de amargura. El amargado sufre un problema de auto-rechazo, no se acepta a sí mismo, menosprecia y. a veces, odia su propia persona. Esa raíz de amargura produce un árbol que se llama resentimiento. Un “resentido” es aquel que tiene un problema con los demás. A fuerza de no aceptarse a sí mismo, termina por rechazar al prójimo. Es frecuente oírlo decir: “Culpa del jefe, culpa de mamá, culpable mi cónyuge, culpables mis hijos…”

En los casos más agudos, estas personas culpan a Dios por lo que les pasa. Ahora bien, esa raíz de amargura que ha generado el árbol del resentimiento, culmina su obra con un fruto que se llama “falta de perdón”.

¿Cómo eliminar la intoxicación emocional?

El pastor Silva-Silva asegura “no basta con quitar el fruto, pues árbol que siga en pie volverá a fructificar tarde o temprano. Tampoco basta con cortar el árbol, porque, si la raíz sigue viva, dará de nuevo un árbol que volverá a dar fruto. Por eso, Juan el bautista dice que el hacha hay que ponerla a la raíz del árbol. Si la raíz desaparece, no habrá árbol y, por lo tanto, el fruto no será posible otra vez.

La raíz de amargura nace muchas veces de nuestra naturaleza pecaminosa, de nuestros pecados para los que necesitamos un Redentor que es Jesús. Pero a veces la raíz amarga se origina en el inconsciente: traumas producidos en la niñez, problemas aparentemente olvidados, metas frustradas, ideales perdidos, sueños rotos, etc., pueden ocasionarla. Por eso es tan importante el ministerio de sanidad interior, que es, escuetamente, un sistema de psicología cristiana. Una investigación minuciosa, acompañada de oración y ayuno, bajo guía del Espíritu Santo, permitirá ubicar la raíz amarga para poderla arrancar del corazón. Tal operación es dolorosa pero absolutamente necesaria. La amargura enraizada en el ser humano termina por contaminar y destruir a otras personas, casi siempre las más queridas”.

Busque ayuda

Las consejerías, en las que se realiza esta sanidad interior, en Casa Sobre la Roca y otras iglesias son gratuitas. Si usted ha identificado que puede estar emocionalmente intoxicado, no se quede con la amargura. Busque ayuda, pero sobre todo, confíe en quien dijo: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. (Juan 15:1). En un acto de oración sincera, confiese a Dios su amargura y pídale que le muestre cómo deshacerse de las emociones que lo invaden, y que todo esto sea reemplazado con el fruto del Espíritu Santo.

Señales de intoxicación emocional

Percepciones alteradas

Una característica clásica de un intoxicado, es ver la realidad distorsionada. Las emociones nublan nuestra capacidad de escuchar a los demás, exageramos lo que vemos y lo que ocurre y nos llenamos de nerviosismo, impaciencia y reacciones emocionales descontroladas. Es lo que coloquialmente se conoce como “empelicularse”. La atención y memoria son excesivamente selectivas, lo cual se agrava ante una discusión, pues retorcemos las palabras que escuchamos y sacamos nuestras propias conclusiones, las cuales ayudan a corroborar nuestras frustraciones y problemas.

Inseguridad

La respuesta ante cualquier situación de la vida es estar a la defensiva, porque todo nos afecta, nos vuelve vulnerables. La tendencia es a encerrarse dentro de uno mismo. No nos sentimos merecedores de nada, ni lo suficientemente fuertes o valiosos y tendemos a crear relaciones de dependencia emocional.

Bloqueo de las decisiones

Una persona emocionalmente intoxicada no piensa con claridad, por el contrario, responde a impulsos irracionales, precisamente a esas personas se les dice “emocionales” o que responden en “caliente”. Como resultado, las decisiones tomadas no tienen lógica y no son consecuentes con las verdaderas necesidades. Esto acarrea innumerables problemas que se convierten en un ciclo interminable.

Demasiada crítica

Un intoxicado es demasiado exigente y crítico con él mismo y con los demás. Se autoimpone una barrera denominada intransigencia y no permite el más mínimo error. Es controlador, quiere manejarlo todo y que las cosas siempre se hagan a su manera. Se convierte en un ser tan sicorígido que no permite el más mínimo margen de actuación, y la vida no es un cuaderno de matemáticas, hay que ser más benevolente consigo mismo y con los demás.

Falta de entusiasmo frente a la vida

La sobrecarga emocional puede llegar a abrumarnos hasta el punto de apagarnos. No tenemos fuerzas ni ganas para continuar, para tomar decisiones, todo se convierte en un gran esfuerzo y nos falta energía para enfrentar los retos cotidianos. Estar emocionalmente intoxicado nos impide pensar antes de hablar y tomar perspectiva precisamente para salir del estado de bloqueo en el que nos encontramos.

Por: María Isabel Jaramillo | @MaiaJaramillo

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