Viernes, 15 Abril 2016 17:33

Juegos de azar, entre diversión y adicción

Máquinas tragamonedas, ruleta, apuestas deportivas, carreras en línea, bingos, rifas, , mesas de póquer y lotería ¿qué tienen en común? son juegos de azar en los que la gente busca ganar dinero apostando. ¿Qué dice la biblia sobre ellos? ¿un cristiano puede jugarlos? ¿amor al dinero o una sana diversión?

Hechos&Crónicas le ofrece un panorama sobre lo que dice la Palabra de Dios con respecto a estos juegos y los motivos que llevan a muchas personas a convertir este tipo de actividades en una adicción que llega afectar negativamente sus vidas y las de sus familias.

Los casinos de todo el mundo viven llenos de apostadores, chicas lindas, música agradable, deliciosos platos, bebidas y grandes espectáculos que deslumbran a más de uno. Sin embargo, así como se ven este tipo de cosas también se observa gente desesperada por recuperar la plata que perdió; apostadores golpeando las máquinas en un intento fallido de lograr una gran ganancia y caras caídas por haber apostado plata que se necesitaba para cumplir con las prioridades.

La Biblia no hace referencia directa a los juegos de azar, sin embargo en Juan 19:23-24 hay un relato sobre cómo los soldados romanos “echaron suertes” sobre la ropa de Jesús, “Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron su manto y lo partieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. Tomaron también la túnica, la cual no tenía costura, sino que era de una sola pieza, tejida de arriba abajo. —No la dividamos —se dijeron unos a otros—. Echemos suertes para ver a quién le toca. Y así lo hicieron los soldados. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: «Se repartieron entre ellos mi manto, y sobre mi ropa echaron suertes.»”

Por otro lado, las Sagradas Escrituras dan cuenta de casos donde Dios usó el azar para dar a conocer Su voluntad a su pueblo o discípulos. Tal es el caso del Urim y Tumim, un medio para la revelación en el antiguo Israel, el vellón y las señales a Gedeón y la elección del sucesor de Judas Iscariote, como describe Hechos 1: 23-26 Así que propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, apodado el Justo, y a Matías. Y oraron así: «Señor, tú que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido para que se haga cargo del servicio apostólico que Judas dejó para irse al lugar que le correspondía.» Luego echaron suertes y la elección recayó en Matías; así que él fue reconocido junto con los once apóstoles.

¿Conciencia o motivación?

¡Tengan cuidado! —advirtió a la gente—. Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes, señala Lucas 12:15.

Es necesario analizar las motivaciones del por qué una persona va a apostar. Puede ser una diversión o la codicia de aumentar fácilmente el dinero, eso es lo que hace diferencia porque el dinero en sí no es el malo, como lo recuerda el pastor Darío Silva-Silva en su libro el Reto de Dios: “Según la Palabra de Dios, el dinero no es bueno ni malo; el dinero es neutro: bueno o malo es el corazón del hombre que utiliza el dinero para bien o para mal”.

Otro de los aspectos es la conciencia, para muchos divertirse en un casino puede ser lo más pecaminoso como para otros puede ser una diversión pasajera. No espere que le digamos si ir a un casino es bueno o malo porque eso lo decide cada persona bajo motivos de conciencia y bajo los principios que Dios haya puesto en el corazón.

Sin embargo, no se lo recomendamos porque puede ser la entrada para cambiar su esperanza en Dios por la del dinero, como Pablo le aconseja a Timoteo en 1 Timoteo 6:17: mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos.

Si para usted es una diversión y usa el dinero de su entretenimiento, no el del arriendo, en ello, le aconsejamos buscar otras opciones de diversión. Ya que el buen ambiente de los casinos y casas de apuestas puede resultar engañoso.

“Los apostadores se encuentran a merced de muchos y atractivos mensajes que se ofrecen en el mercado, como mágicas soluciones económicas para sus vidas: viajar, derrochar, comprar casa y carro, o no tener que trabajar más. Pero esas opciones de juego legal, y sobre las que no existen muchos temores ni conocimiento en la población, pueden convertirse en obsesiones incurables fácilmente si no se toman las medidas preventivas y correctivas a tiempo, y mucho menos, si todavía no se considera la ludopatía como un problema de salud pública”, afirma Yaromir Muñoz Molina, psicólogo de la Universidad de Antioquia e investigador de la Escuela de Administración de la Universidad EAFIT.

Es una diversión que puede salir muy cara ya que según cifras de la Fundación Colombiana de Juego Patológico y citadas en la investigación de Muñoz, el juego es un problema obsesivo-compulsivo de más de 500.000 colombianos que apuestan cerca de 750 millones en chance, 550 millones en loterías, 104 millones en el resto de juegos legales y unos 652 millones en juegos ilegales.

Muñoz Molina indica que “los adictos al juego patológico son sujetos que, vistos en una economía de mercado, buscaron en primer lugar la diversión, pero es una diversión que se desfasa muy fácilmente por la pérdida del control y “por el incentivo que tienen a alimentar creencias irracionales sobre los aparatos de juego, el control de la suerte, la recuperación de dinero perdido, los amuletos, las supersticiones y un montón de cosas que hacen que los seres humanos vivamos en un mundo irreal, de negación de la realidad”, señala César Pérez Arboleda en el artículo ‘Un chance para prevenir la ludopatía’, que recoge parte de la investigación de Molina.

Concepto que va en línea con lo que el sabio Salomón advirtió en Eclesiastés 5:10 “Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente. ¡También esto es absurdo!”

Es así como una diversión se puede amplificar a una adicción enfermiza como lo explica Pedro Gómez, un jugador patológico en recuperación, a la investigación de la Universidad Eafit llamada ‘Ludopatía: la apuesta es salir del juego’: “Pude salir de ahí gracias a Dios. Jugué durante más de 20 años. Todo comenzó con apuestas sin presión psicológica. Pero, llegó un momento en que empecé a sentir ansiedad por la retribución económica que no conseguía”.

A lo que agrega: “Hace aproximadamente dos años me reúno con un grupo que compartía las mismas vivencias que yo sobre el juego. Allí me dicen que la recuperación depende de mí, ya que si hago una apuesta vuelvo a caer. A los 15 días de estar asistiendo, mis hijas me decían que era un hombre nuevo. Al grupo nunca ha llegado un ganador. Siempre llegan perdedores que necesitan recuperar su vida más que su dinero. Jugadores: busquen ayuda. Me di cuenta que solo no podía, pero sí era yo el que debía dar el primer paso”, relata Pedro.

Evítese un duro camino de pérdidas, esperanzas electrónicas esfumadas, castillos de naipes y de fichas de casino acumuladas en detrimento de sus relaciones. Recuerde el mensaje de Proverbios 22:3 “El prudente ve el peligro y lo evita; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias”.

Foto: Flickr/Ariel Martini (Usada bajo licencia Creative Commons) 

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