Mi茅rcoles, 21 Junio 2017 16:28

Las marcas del abuso sexual

Una de cada cinco mujeres y uno de cada 13 hombres en el mundo han tenido que sufrir con la mayor agonía de la vida: cargar encima de sus hombros uno de los flagelos más horribles que lamentablemente se ha convertido en el pan diario de muchos colombianos en su infancia: ser víctima de abuso sexual.

“Nací en una familia muy pobre, mi madre vendía arepas y mi padre manejaba un camión para trasteos, yo también ayudaba con varias labores que ellos me pedían con el fin de tener el dinero necesario para subsistir. Muchas veces llegaba sola a mi humilde casa donde vivían dos tíos que me cuidaban, otras veces iba donde los vecinos para que estuvieran pendientes de mí.

Desde los cinco años me empezaron a acariciar mi zona íntima, me hacía sentir bien, yo no sabía que eso estaba mal y pensaba que era un juego normal. Mis tíos me alzaban, me ponían en sus piernas y jugaban “al caballito”. Mis papás nunca dijeron nada. Cuando tenía ocho años, mi padre empezó a sentirse atraído por mí; y yo, por recibir su amor, me dejaba acariciar… hasta que un domingo que abusó sexualmente de mí. Quedé aterrorizada por todo lo que había  pasado y ni modos de contarle a alguien porque me amenazó con matarme.

Hasta los 16 años, mis tíos, un vecino y mi papá hicieron de mí un objeto de placer. A los 17 escapé de mi casa quise suicidarme, pero busqué ayuda. Hoy tengo 25 años y los recuerdos me atropellan, las imágenes de todas las asquerosidades que hicieron conmigo continúan. Solo Dios me ha dado la fuerza para restaurar mi vida. Hoy con lágrimas en los ojos quiero decirles a víctimas de abuso sexual que no se callen, que no confíen en nadie. Si sus cuerpos han quedado en pedazos como el mío, Dios es el único que restaura las ruinas. Es difícil, toma tiempo, pero no hay nada más que hacer. Lamento mucho que también te haya pasado y que tu infancia haya sido todo un infierno”, narra esta mujer que tuvo la valentía de contar este resumen de su vida a Hechos&Crónicas sin revelar su identidad.

Casi siempre empieza en la casa…

Dos niños son abusados cada hora en el país. Según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), el mayor riesgo para las niñas en el tema de abuso sexual edad se da entre 10 y 14 años, y en los niños el peligro aparece entre los cinco y nueve años. “87% de los abusos ocurren en la casa y 95% son cometidos por personas cercanas”, dice Cristina Plazas, directora del ICBF.

“Si aterrizamos las cifras del Dane, solo con los 641.493 niños(as) que nacieron en 2017 en nuestro país, podríamos decir que cerca de 133.000 sufrirán el flagelo, ¡el 21 %! ¡La quinta parte!”, dice la periodista María Clara Gracia en una de sus columnas de opinión, escrita para Las2Orillas.

Una de esas víctimas fue Yuliana Samboní, de 7 años, quien el pasado 4 de diciembre fue asesinada y violada por un arquitecto de Bogotá; y hace unas semanas la historia volvió a repetirse, esta vez con Sara Yolima Salazar, una niña de tres años asesinada en Armero Guayabal, Tolima, el pasado 21 de abril. Según Medicina Legal, tenía heridas en el pecho, trauma cráneoencefálico severo, amputación de un dedo, fractura en el brazo izquierdo, cicatrices en las piernas y signos de abuso sexual. Sus padrinos habrían sido los culpables del hecho.

Huellas que quedan…

¿Cuántos casos de abusos sexual quedan bajo el tintero? ¿Cuántos niños y niñas están siendo violado(a)s en este momento y nadie lo sabe? ¿Cuántos jóvenes y adultos que están leyendo este artículo han sido o son abusados y tienen miedo de denunciar?

Omar Náfate López, psiquiatra infantil del Hospital de Especialidades Pediátricas de Tuxtla, México, describe las características más frecuentes que presenta un niño abusado sexualmente: “estas son: aislamiento, pesadillas, se orinan en la cama, tienen sueños recurrentes sobre el evento del abuso, sufren de ‘flash back’ que son recuerdos de lo que vivieron, también sufren descargas neurovegetativas como sudor en manos y pies; desarrollan bajo rendimiento académico, tienen mala relación con sus padres, entre otros indicadores”.

Portales especializados en problemas de abuso sexual, explican que la víctima pierde su equilibrio habitual, la situación desencadena estrés, angustia y pérdida de energía psicológica en el niño. A medida que van creciendo pueden presentar una visión perturbadora de la sexualidad como interés excesivo o evitación de todo lo de naturaleza sexual, masturbación compulsiva, promiscuidad, prostitución, desconfianza extrema.

En cuanto a las consecuencias vemos: dificultad para caminar o sentarse; dolor, hinchazón o picazón en la zona genital, enfermedades de transmisión sexual, laceraciones, embarazos no deseados, entre otros.

Consejos para padres

El movimiento ciudadano A.S.I., en contra del abuso sexual infantil, da una serie de pautas para saber cómo enfrentar un caso de abuso Infantil:

I. Créale a su hijo/a y tenga presente estas respuestas: “Gracias por confiar en mí y contármelo, así podré ayudarte a solucionarlo”.

II. Hágalo sentir orgulloso por haberlo contado: “Has sido muy valiente al contármelo y estoy muy orgulloso/a de ti”.

III. Dígale que no es culpable: “Tú no has hecho nada malo”. “No es culpa tuya”.

IV. Asegúrele de que no le ocurrirá nada malo: “Ahora que me lo has contado, puedes estar tranquilo porque esto no volverá a ocurrir”.

V. Dígale que saldrá adelante: “Aunque estés triste, todos te vamos a ayudar para salir de esta”.

VI. Exprésele afecto: “Te quiero y estaré junto a ti siempre que me necesites”.

VII. Mantenga la calma: No hable al niño/a con demasiada carga emocional ni transmita desasosiego y preocupación.

VIII. Asegúrese que su hijo/a no haya sufrido heridas:  y en el caso de que las haya sufrido, acuda a un médico.

IX. Protéjalo/a: Impida que el abusador pueda volver a acceder al menor.

X. No calle. ¡DENUNCIE!

¿Qué no hacer?

• Negar que el abuso ocurrió.

• Tener una reacción de alarma.

• Culpar al niño del abuso.

• Tener la actitud de ir a hablar con el abusador.

• Hacer interrogatorios exhaustivos al menor.

• Tratar al niño de forma diferente a antes.

• Sobreprotección.

• Recordar continuamente el suceso.

Por: Jennifer Barreto | @BarretoJenn

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