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Jueves, 08 Mayo 2014 01:07

Evolucionismo vs. Creacionismo

La mayoría de estadounidenses -y la mayoría de los cristianos- no se posicionan perfectamente como creacionistas o evolucionistas.

En 2012, una encuesta de la consultora Gallup encontró que el 46% de los adultos estadounidenses piensa que Dios creó a los seres humanos más o menos en su forma actual, en los últimos 10.000 años aproximadamente. El 32% creía que los hombres evolucionaron con la guía de Dios, y el 15% aseguraron que evolucionaron sin la guía divina en absoluto. Las respuestas a esta pregunta, que Gallup ha incluido 11 veces en las encuestas desde 1982, han sido notablemente estables durante un período de 30 años. Los resultados, que muestran a un público dividido en partes iguales por el tema de la evolución humana, han sido corroborados en otros sondeos nacionales.

Estas consultas retratan un público profundamente dividido y polarizado. Incluso entre la mayoría que considera que Dios creó a los seres humanos, el abismo que separa la visión de creacionistas y evolucionistas parece ser descomunal. ¿Están realmente los estadounidenses divididos sobre los orígenes del hombre?

Como científico social, soy escéptico acerca de estos hallazgos por dos razones. En primer lugar, la forma como se escriben estas preguntas acerca de los orígenes humanos, restringe respuestas complejas o conflictivas. Las encuestas como la de Gallup tienden a representar los diferentes puntos de vista que podríamos etiquetar como la evolución atea, la evolución teísta, el diseño inteligente o creacionismo joven de la tierra con las declaraciones de posición que obligan a los encuestados a seleccionar el que más se acerca a sus creencias.

El problema es que estos diferentes puntos de vista contienen múltiples creencias acerca de la descendencia común, la selección natural, la intervención divina y el calendario histórico. Las preguntas de la pesquisa confunden estas creencias subyacentes, en particular, las formas y los individuos de la fuerza para elegir conjuntos pre-empaquetados de ideas. Esto es simplemente una necesidad práctica, dada la cantidad limitada de espacio en las encuestas públicas generales.

En segundo lugar, estas averiguaciones no dan ninguna descripción de la manera en que las personas se aferran a estas creencias. ¿Los encuestados confían en que su posición es la correcta? ¿Es importante para ellos tener las creencias correctas acerca de los orígenes del hombre? Si grandes segmentos de la población no están seguros de su posición, o si sus creencias no son importantes para ellos, entonces la idea de un público intensamente polarizado es engañosa.

Como parte de un reciente proyecto financiado por la Fundación Biólogos, he enviado una nueva encuesta, representativa a nivel nacional de la opinión pública estadounidense: El Estudio Nacional de Religión y Origines Humanos (NSRHO).

A diferencia de las encuestas existentes, ésta incluye amplias preguntas sobre los orígenes humanos que nos permiten desarrollar un retrato más exacto de lo que el público en general y, en particular los cristianos, en realidad creen. El sondeo incluye preguntas sobre la creencia en la evolución humana, la participación divina, la existencia de Adán y Eva, el calendario histórico, el pecado original, y más. Para cada una de estas preguntas, los participantes pueden responder con “no del todo seguro” acerca de lo que creen. Si reclaman una posición, también se les pidió que calificaran el grado de confianza que tienen en cuanto a que su creencia es correcta. Por último, se les pidió que informaran lo importante que es para cada uno tener las creencias correctas sobre los orígenes del hombre.

La más reciente encuesta de Gallup encontró que el 46% de los adultos piensa que el creacionismo refleja mejor sus puntos de vista sobre los orígenes humanos. Pero la firma encuestadora no preguntó a los participantes sobre cada una de las creencias anteriores.

Nuestro estudio, sin embargo, se pregunta sobre cada creencia individual, lo que permite a los encuestados decir que no están seguros acerca de lo que creen. Solo el 14% afirmó todos y cada uno de estos dogmas, y solo el 10% que eran algunas de sus creencias. Además, el 8% dijo que era importante para ellos tener las convicciones correctas acerca de los orígenes humanos.

Los números continuaron cayendo a medida que preguntamos por un Adán y una Eva históricos, la creación milagrosa de los seres humanos y una formación literal de seis días.

¿Qué pasa con los evolucionistas?

El 9% cree que los humanos evolucionaron y que Dios no jugó ningún papel en el proceso, el 6% celebra estas creencias con certeza, y menos del 4% dijo que sus convicciones eran importantes para ellos.

Si tan solo el 8% de los encuestados se clasifican como los creacionistas convencidos cuyas creencias son queridas para ellos, y si solo el 4% se clasifican como evolucionistas ateos cuyos dogmas son queridos para ellos, entonces quizás los estadounidenses no están tan profundamente divididos sobre los orígenes del hombre como las encuestas han indicado.

Entonces, ¿qué significa esto para la iglesia? Creo que eso demuestra que la mayoría de la gente, incluso los evangélicos que van a congregarse regularmente, no están profundamente arraigados en un lado de una supuesta batalla de dos caras. Ciertamente, el tema divide, pero las creencias cristianas sobre los orígenes humanos son complejas. No hay gran abismo después de todo.

Los defensores de varias posiciones a menudo han perpetuado la idea de una batalla, precisamente porque el trazado de líneas claras es una manera efectiva de movilizar un punto de vista en contra del otro. Tal vez es el momento de reconocer la complejidad de los credos y adorar juntos a pesar de nuestras diferencias.

Esto no quiere decir que las preguntas difíciles y conversaciones honestas sobre los orígenes del hombre deben ser ignoradas. Hay un montón de preguntas importantes que necesitan ser defendidas. Y en la lucha por esa defensa, debemos reconocer que nuestra identidad compartida en Cristo nos pone a todos en el mismo equipo.

 

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Jueves, 08 Mayo 2014 00:00

El poder de la palabra ¿Magia o Fe?

El movimiento pentecostal evangélico y el carismático católico en el siglo XX en la iglesia, así como las terapias cognitivas conductuales y la programación neurolingüística en psicología, e incluso la filosofía analítica de pensadores como Ludwig Wittgenstein y la llamada Ontología del lenguaje de Rafael Echeverria, vienen de un modo u otro llamando nuestra atención al potencial que las palabras pueden llegar a tener en el propósito de transformar o modificar nuestra conducta y circunstancias, de manera favorable o desfavorable indistintamente.

En la iglesia el principal argumento para sostener este potencial ha sido la afirmación de que la imagen y semejanza divinas plasmadas en el hombre le confieren a las palabras del ser humano un poder similar al que posee la palabra de Dios. Pero ante un planteamiento tan ambicioso como éste, debemos preguntarnos con seriedad si no estamos asignando a las palabras un poder excesivo que en realidad no tienen, traspasando los linderos de la fe saludable para incursionar en el campo de la superstición y la magia.

Para colocar las cosas en su justo lugar y proporción hay que comenzar por aclarar que el pasaje bíblico de Proverbios 18:21 que afirma: En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto y que se utilizado con frecuencia para atribuir a las palabras humanas un desmedido poder, no puede ser interpretado de una manera tan libre y amplia. Por el contrario, los estudiosos conocedores del hebreo y del contexto cultural en que el Antiguo Testamento fue escrito aclaran que este versículo hace estricta referencia a la declaración de una sentencia judicial llevada a cabo por el rey o por la autoridad competente, que son las que tradicional e históricamente han estado habilitadas para emitir sentencias de muerte o absoluciones de vida sobre las personas que se hallan bajo su autoridad.

El poder de la palabra humana

Ahora bien, no podemos olvidar que la epístola de Santiago atribuye de todos modos a las palabras humanas un poder que excede de lejos lo que podría esperarse de un miembro tan pequeño del cuerpo, pero con una enorme capacidad incendiaria (Santiago 3:5-6). Pero ¿podemos deducir de esto que las palabras humanas tienen un poder creativo similar al de la Palabra de Dios? De ningún modo. El poder de las palabras humanas radica, por supuesto, en los hechos que origina o desencadena. En aquellas cosas a las que da lugar, pero nunca de manera automática, inmediata o absolutamente necesaria −como sucede con la Palabra de Dios que crea en el acto lo que pronuncia−.

Definitivamente, nuestras palabras no son órdenes o fórmulas mágicas que crean en el acto y por sí solas lo que afirman. Son ideas que surgen en nuestra mente y al ser pronunciadas por nuestras bocas pueden dar eventualmente inicio a procesos de insospechado alcance y envergadura, al mejor estilo de la secuencia descrita en esa muy conocida frase de Octavio Paz que dice: “Es un pensar, que es un decir, que es un sentir, que es un hacer”.

Vemos así, por ejemplo, que ni siquiera las palabras pronunciadas en medio de promesas que se incumplen caen en el vacío. Porque la palabra empeñada pero no cumplida en su momento produce un efecto: decepciona y genera frustración y resentimiento en los afectados por el incumplimiento, además de socavar la credibilidad del que comprometió su palabra sin llegar a cumplirla, dañando las relaciones y la confianza entre las personas.

Del mismo modo, los chismes y las calumnias tienen algunos de los más incendiarios efectos, generando dinámicas destructivas que, como bola de nieve, crecen hasta dimensiones que nunca hubiéramos podido anticipar, o que algunos de manera fría, premeditada y perversa anticipan de tal modo que emiten estos juicios precisamente con esa intención. No pasemos por alto que, basado en el hecho de que las palabras no caen en el vacío, Maquiavelo formuló su censurable y conocido consejo: “Calumnia, calumnia, que algo queda” tan utilizado en la política dominada por los principios maquiavélicos de El Príncipe, la obra más conocida de este autor.

Lemas y eslóganes

Pero es tal vez en el campo de los lemas y los eslóganes donde acecha de manera más sutil e inadvertida el peligro de un uso equivocado e incorrecto de las palabras, con efectos indeseables para quienes suscriben esos lemas de forma irreflexiva. El sentido original y de fondo de un lema puede perderse cuando se transforma en un simple eslogan o estribillo de fácil recordación que se repite de persona a persona con superficial e inoportuna imprudencia, como una especie de mantra o fórmula mágica o como un resumen popular y simplista de enseñanzas profundas más extensas y exigentes, no solo en el propósito de llegar a comprenderlas de forma acertada, sino de experimentar correctamente lo que se quiere dar a entender con ellas.

La palabra “gracia”, por ejemplo, puede llegar a perder su eficacia a fuerza de usarse con ligereza, transformándola en lo que el teólogo Dietrich Bonhoeffer llamó “gracia barata”. Asimismo, lemas populares en el medio evangélico que pretenden exponer de forma breve y comprensible diferentes aspectos de la gracia divina, tales como “el amor une, la doctrina divide”, “una vez salvo, siempre salvo”, “Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador”, “El mundo llama a los capacitados, pero Dios capacita a los llamados”, “la palabra tiene poder”, y “lo que dices, recibes” o “confiésalo y recíbelo”, entre otros, pueden llegar a usarse en un sentido muy diferente e incluso contrario al de la enseñanza bíblica que pretendía evocar y resumir, traicionándola en el proceso.

Por eso es necesario establecer que las palabras, lemas, eslóganes, resúmenes e incluso credos que la iglesia y la teología elaboran para referirse con rapidez a una enseñanza bíblica determinada más amplia, no buscan propiamente facilitar la comprensión del asunto tratado de manera superficial y sin más consideraciones; sino más bien introducir a las personas a una consideración más seria, concienzuda, pensante y vivencial del asunto que estimule la lectura y el estudio bíblico sobre el particular. De lo contrario, estas frases fáciles pierden toda su utilidad y pueden terminar fomentando la ignorancia e inconstancia de quienes son dados a tergiversar las Escrituras para su propia perdición y la de quienes los escuchan y siguen.

Debemos, por tanto, evitar hablar con ligereza y reducir todo a lemas fáciles que simplifican excesivamente la doctrina cristiana para no incurrir así en la actitud censurada por el profeta con estas solemnes palabras: Pero no deberán mencionar más la frase ‘Mensaje del Señor’, porque el mensaje de cada uno será su propia palabra, ya que ustedes han distorsionado las palabras del Dios viviente, del Señor Todopoderoso, nuestro Dios. (Jeremías. 23:36).

Por eso el Señor nos recomienda no hablar irreflexivamente, pues finalmente, de todo lo que digamos tendremos que darle cuenta a Él: Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará (Mateo. 12:36-37). Como quien dice: “el pez muere por la boca”. Sea como fuere y sin ignorar el poder y el alcance de las palabras humanas ya descrito aquí, no se les puede tampoco atribuir más potencial que el que realmente tienen.

El poder de la palabra del creyente

En el caso de los cristianos, las palabras pueden adquirir un poder renovado en la medida en que se ajusten a la Palabra de Dios tal como ésta se revela en la Biblia. La fe no consiste, entonces, en creer en Dios, sino en creerle a Dios. El poder de la palabra del creyente radica, pues, dice la Palabra de Dios y actuar con fe en ella, como lo hizo el apóstol Simón Pedro: Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Lucas. 5:4-6 (RVR).

Es que la palabra de Cristo es la Palabra de Dios. Y el poder de nuestras palabras proviene de “echar la red” en la palabra de Cristo, es decir, cuando Él nos lo diga y como Él nos lo diga. Esto implica meditar repetidamente en la Palabra de Dios para comprenderla cada vez mejor, pues la meditación de la que habla la Biblia no es la asociada con el yoga en las religiones orientales; sino la meditación que lee y relee repetidamente la Palabra de Dios no propiamente para aprenderla de memoria −lo cual es bueno, pero no es nunca suficiente−, sino para reflexionar y profundizar de forma creciente en su auténtico significado, llegando a comprenderla en profundidad y descubrir así todo el poder que reside en la palabra humana en sincronía con la de Dios.

Por: Arturo Rojas, director de la Unidad Educativa Ibli Facter de la iglesia Casa Sobre la Roca, en Bogotá.

Publicado en Hechos

A través de más de 30 años de carrera, Hernán Orjuela Buenaventura ha sabido meterse en el corazón de sus compatriotas, se ha convertido en uno de los personajes más conocidos en los hogares colombianos a través de la televisión y se ha transformado en un hombre profundamente espiritual. Hechos&Crónicas habló con él.

Sus inicios se dieron en un programa de radio en la emisora de la Universidad Javeriana, (donde estudió Comunicación Social) llamado Música joven. Como era los miércoles a la 1:00 a.m., la audiencia era mínima. Sin embargo, no se rindió. Gracias a un espacio que se abrió en la emisora juvenil 88.9 denominado Hoy es viernes, dio su salto al reconocimiento y desde ese momento ha sido imparable.

A pesar del amor que pone cada día al ejercicio de su profesión, no puede negar que ha pasado por innumerables altibajos. No es una profesión sencilla, pero como él mismo lo expresa, “la clave está en la constancia y el compromiso”.

Llegó a los pies de Cristo hace aproximadamente cinco años y desde allí, su vida como presentador cambió radicalmente. Hechos&Crónicas habló con él sobre su vida, su profesión y su testimonio.

Hechos&Crónicas: ¿Cómo fue su acercamiento a Jesucristo?

Hernán Orjuela Buenaventura: Mi primer encuentro real fue hace unos cinco años a través de mi esposa. Mi mayor conocimiento hacia Él, procuro hacerlo día a día a través de la Biblia y mis pastores; mis oraciones y mis agradecimientos cada momento son vitales para entenderle y, por consecuencia, amarle mucho más.

H&C: ¿Se acercó a Dios en un momento de crisis?

H.O.B.: Hubo un momento determinado cuando mi vida se partió en dos: una donde tenía felicidad y tristezas sin Cristo cinco años atrás; la otra cuando aprendí que debía agradecer a Dios siempre por mis éxitos y fracasos. Él ha sido maravilloso con mi vida y mi entorno durante mi más de medio siglo de existencia, pues no tengo testimonio “desgarrador” en mis círculos personales, familiares o en la sociedad; pero eso es lo que me ha dado conciencia de que no tenía pretexto para no acercarme a Jesús. Tuve un llamado que junto a mi familia llegó cargado de bendiciones cuando por intermedio de Patricia mi esposa, recibimos la palabra de Jesús de forma práctica y directa.

H&C: ¿Cómo defi ne su relación con Dios hoy?

H.O.B.: Es mi amigo verdadero; mi apoyo, mi consejero, mi súper mánager, mi TODO.

H&C: El país entero conoce su trayectoria, ¿cómo está su vida profesional en la actualidad?

H.O.B.: Ya son muchos años como empresario de entretenimiento, tanto en el mundo de la televisión, radio y afines, como en los campos de los espectáculos en vivo y corporativos.

Actualmente soy el director del Teatro Astor Plaza donde se hacen los concursos musicales para el Canal Caracol, tengo la productora de televisión que está desarrollando un nuevo modelo de realización para internet y soy socio de Primetime Colombia, la empresa de eventos y booking que gerencia Patricia Valderruten, mi esposa.

H&C: ¿Cuál ha sido su mayor aprendizaje en estos años de carrera?

H.O.B.: A lo largo de estos 30 años he aprendido a minimizar los riesgos que corrí y, sobre todo, luego de mi cercanía con Jesús, a tenerle a Él siempre en cuenta antes de emprender nuevos rumbos o proyectos de carácter empresarial.

H&C: ¿Qué piensa del talento cristiano en la actualidad?

H.O.B.: Cada vez crecen más famosos para Dios y en todos los ámbitos. Colombia es una de las cabezas en Latinoamérica gestoras de maravilloso talento en el arte de la música, literatura, artes plásticas e incluso teatro con mensaje.

Pienso que la música cristiana es fundamental en nuestras vidas ya que como todos hemos aprendido, la alabanza hace feliz a nuestro Padre y por consecuencia nos genera remanso y apoyo constante tanto en la Iglesia como a nivel particular.

H&C: ¿Tiene contactos con algún artista cristiano?

H.O.B.: No por el momento; aunque sería extraordinario ser parte o miembro activo de una organización que promueva el género. Es una meta que me encantaría alcanzar.

H&C: ¿Ha cambiado su percepción sobre la labor de un comunicador?

H.O.B.: Hoy mi labor como presentador se centra de manera especial en comunicar con responsabilidad social en un programa de alta audiencia. El mundo de la TV cada vez está más abierto y expuesto a contenidos de toda índole, como consecuencia de la “viralización” en las redes sociales. Los comunicadores que nos hemos especializado en el campo de la televisión debemos esforzarnos por buscar contenidos innovadores que con creatividad podamos llamar la atención de diferentes audiencias con el propósito de que reciban valores y comportamientos dignos de una sociedad que construya y no destruya.

Un hombre de familia

Lleva 20 años casado con Patricia Valderruten -y dos de novios-, aclara. Tienen dos hijos, Santiago y Gabriela, además de su hijo mayor, Andrés Felipe, quien también es su socio y de quien asegura estar “orgulloso de su vida cristiana, del maravilloso padre y esposo que es y del amor por su trabajo profesional”.

H&C: ¿Cómo define a su esposo?

Patricia Valderruten: Es un excelente padre, dedicado, amoroso, entregado a sus hijos. Como esposo es un hombre fiel, me respeta, me admira tanto como yo a él y juntos somos tremendamente creativos, soñadores, guerreros, y emprendedores. Somos socios, los mejores amigos y esposos…

Nuestros valores son incorruptibles y siempre nos estimulamos el uno al otro, para levantarnos cuando caemos, para sostenernos de la mano y no desviarnos del camino y para recordarnos el uno al otro que estamos en las manos de Dios.

Hernán y yo tenemos dos empresas y cada uno es la cabeza de una. Sin embargo, nos apoyamos conjuntamente. Procuramos mantener el equilibrio entre el hogar y el trabajo y nuestros hijos saben que siempre estamos para ellos.

Nuestra relación de pareja se ha visto transformada desde que conocimos de Dios. Cada día, el matrimonio requiere de trabajo, de lucha, de decisión y dedicación, y mientras estemos entregados a la sabiduría y dirección de Dios, Él nos respalda. Tenemos el mejor testimonio de amor: nuestros hijos.

Sabemos que lo mejor está por venir cada día, como pareja, padres y como hijos de Dios. Él está haciendo su obra en cada uno de nosotros y sabrá cómo terminarla.

 

 

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