Martes, 16 Agosto 2016 15:38

El papel de la familia en la globalización del terror

El pasado 12 de junio, 49 personas fueron asesinadas a sangre fría y más de 53 terminaron heridas en el club nocturno Pulse de Orlando, Florida.

Fue un día trágico para la humanidad, pero en particular ha sido devastador para los estadounidenses, que lo registran como el día en que ocurrió el tiroteo más mortífero de la historia de EE. UU., y la peor matanza desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Al examinar los detalles de este suceso se revelan problemas que abren temas de discusión en diferentes esferas de la sociedad. Por ejemplo, el hecho de que fue un tiroteo masivo con un arma militar, enciende el debate sobre la legalización y control de armas. El hecho de que ocurrió en un bar gay que celebraba una noche latina, abre la conversación sobre temas relacionados a los derechos humanos, el racismo y la discriminación sexual. Y el hecho de que el ataque haya sido perpetrado por un musulmán estadounidense que declara lealtad a Isis, enciende el fuego al debate sobre cómo trabajar ante el terrorismo global.

En definitiva, las características de esta tragedia nos ponen a pensar y hablar sobre muchos  temas candentes, pero en especial llama mi atención que el ataque en Orlando y otros recientes en Europa, hayan sido ocasionados por jóvenes nacidos y criados en Occidente. Incluso, hay casos en los que ni siquiera había vínculos previos con el islam, como las chicas españolas de Almonte y Málaga arrestadas cuando pretendían unirse a las filas del Estado Islámico - ISIS.

Terrorismo local con impacto global

El terrorismo ha aumentado durante los últimos 10 años. Según las estadísticas de Vision of Humanity, iniciativa del Instituto para la Economía y la Paz (IEP), el número de incidentes anuales casi se ha triplicado desde 2011.

Con el crecimiento del terrorismo, de igual manera se han incrementado las muertes a causa de guerra, y han aumentado durante la última década el número de refugiados y desplazados internos.

Vale destacar que aunque la mayoría de las actividades terroristas están concentradas en Irak, Nigeria, Afganistán, Pakistán y Siria, los últimos ataques terroristas han demostrado que las escenas de terror y destrucción han cruzado la frontera, extendiéndose a otros territorios del mundo, como Londres, Sidney, París, y recientemente Niza y Estados Unidos.

Los atentados en Occidente están vinculados al autodenominado Estado Islámico (EI), y tal como declara el periodista español, José María Gil Garré, experto en seguridad y terrorismo del Instituto de Seguridad Global (ISG), todos estos ataques están de alguna manera conectados. “Ningún evento vinculado al fenómeno del terrorismo Yihadista, puede estar absolutamente desconectado de otro evento aunque solo sea que estén conectados por la fenomenología”, afirma el experto.

Jóvenes occidentales se suman a filas de Isis

Los grupos terroristas han tratado de extender su alcance a nivel mundial reclutando a nuevos partidarios. Un reciente reporte de New American, declaró que 4.500 occidentales se han unido a Isis y otros grupos militantes en Siria.

De acuerdo con esta entidad, los militantes que regresan de Siria son una inquietante fuente potencial de ataques terroristas. “Los combatientes occidentales atraídos por Siria e Irak representan un nuevo perfil demográfico, diferente a la de otros militantes occidentales que lucharon en Afganistán en la década de 1980 o Bosnia en la década de 1990”.

En este nuevo perfil demográfico los reclutadores son principalmente jóvenes; los hombres tienen en promedio 24 años, y las mujeres 21 años de edad. Casi una quinta parte son adolescentes, y más de un tercio son mujeres.

Estos jóvenes se han convertido en terroristas digitales que usan las redes sociales y nuevas tecnologías para sumar a sus filas a más jóvenes dispuestos a morir y matar para sembrar el terror local y propagar su funesta doctrina a nivel global.

Su estrategia es lograr que aquellos que se sienten animados a incorporarse a luchar en Siria e Irak no viajen hasta allí, sino que se mantengan en los países en los que están viviendo en estos momentos y ejecuten acciones sencillas, de escasa complejidad organizativa, pero de alto impacto social para sembrar el terror y amplificar sus consecuencias.

La familia y su papel protagónico

Las redes sociales se han convertido en la herramienta más poderosa de la propaganda radical. Tal vez por eso, la generación Millennial – conformada por las personas nacidas entre 1980 y 2002 – están siendo un blanco de ataque, pues son jóvenes que se distinguen por pasar la mayor parte de su tiempo conectados a internet y navegando en las redes sociales.

“Estamos ante un fenómeno muy complejo, multidimensional y que necesita respuestas multidimensionales”, señala José María Gil Garré, quien agrega que es una guerra asimétrica que requiere respuestas bélicas, policiales y sobre todo apoyo de la sociedad.

En esta medida, es protagónico el papel que juega la familia como pilar de la sociedad. Es imperante que los padres provean hogares saludables donde se promueva la tolerancia, el amor, el respeto, y la aceptación de cada individuo.

Si la familia es el primer medio de control social, un fracaso en esa etapa puede llevar a problemas sociales que impulsen a los jóvenes a buscar refugio en la calle, en las drogas o muchas veces con pandillas como grupos de apoyo. Y es aquí donde Isis encuentra un terreno fértil para sembrar la ideología islamista radical.

Los reclutadores aprovechan la inestabilidad emocional de estos jóvenes, sus problemas de rebeldía y falta de un propósito definido para propagar su doctrina y el apoyo a la yihad.

Es por eso que la familia es un fuerte aliado en la lucha contra el terrorismo. Un hogar saludable tendrá buenos cimientos; sin grietas o los espacios de ambigüedad y conflicto por donde los grupos terroristas se puedan filtrar para realizar su proselitismo.

Por: Fayra Castro (@fayracastro)

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