Martes, 24 Febrero 2015 00:00

7 pecados en el matrimonio…jamás cometas ni medio

Mucho se ha hablado y escrito sobre los siete pecados que podrían destruir un matrimonio. Pero… ¿son hechos graves? Lee lo siguiente para que puedas descubrir que aún es tiempo de evitar lo que no debe suceder.

¿Eres culpable de algún pecado en tu relación conyugal? Si es así, jamás será tarde para reconocer que lo has cometido y proceder a cambiar uno o varios de esos siete pecados por las siete virtudes en el matrimonio.

Lujuria:

Se caracteriza por pensamientos excesivos de naturaleza sexual o un deseo sexual desordenado e incontrolable.

Hoy, especialmente entre jóvenes, se habla mucho sobre la llamada adicción al sexo. ¿Quizás como ocurría en Sodoma y Gomorra? La pornografía, el adulterio, la fornicación o ese mismo deseo sexual sin control podrían destruir tu matrimonio. Por lo tanto, asegúrate que ambos estén sexualmente satisfechos para que no anden escudriñando lo que no se ha perdido por fuera del hogar.

Aprende a controlar tus impulsos y a construir el momento adecuado para que tu pareja sienta el deseo de estar contigo y compartir ese instante íntimo, tan sagrado y tan necesario para que ambos sientan el deseo de disfrutar lo que Dios nos ha dotado. La respuesta a la lujuria es el amor a Dios y el reconocimiento del otro ser como parte de la creación divina. El amor al prójimo, por lo tanto, siempre se fundará en el amor a Dios. Amarnos y seguir amándonos por siempre desde el momento en que decidimos construir el hogar, nuestro dulce hogar.

Pereza:

El ocio pareciera no surtir efectos en el matrimonio; sin embargo, se desenvuelve en las turbulencias atado a su prima hermana, la indiferencia. La mente que no se ocupa en hacer algo productivo, es una mente vaga que no trabaja y no se interesa por nada.

Surge así la indiferencia hacia la pareja y esta da paso al sentimiento de soledad. Cada quien preocúpese, y mucho, por su cónyuge sin fiscalizarlo. O existe una entrega total de confianza… o esto va camino de convertirse en el acabose. Eso sí, preocúpate por saber cómo sigue la gripa de él o de ella y, ¡ojo! evita las actividades individuales como tomar el naipe a jugar un solitario, y ¡peor aún!, que él y ella, ya acostados en su lecho, cada cual pone on en su tableta, entra a un chat a buscar amistades y a hablar con quien aparezca. Eso es inaudito. (Véase edición No. 49 de la Revista Hechos&Crónicas).

No olvidemos que, según la Biblia en Proverbios 13:4, el perezoso ambiciona y nada consigue mientras el diligente ve cumplidos sus deseos. La diligencia es la virtud que contrasta con la pereza.

Gula y ebriedad:

El consumo excesivo de comida y otras sustancias y bebidas como drogas y alcohol, conducen al matrimonio hacia el despeñadero. Esas prácticas son adictivas y destructivas.

El consumo de alcohol te puede llevar a cometer actos de violencia de los que, con seguridad, te sentirás horriblemente avergonzado. Ello no te ayudará para nada en tu autoestima sino que la destruirán y perderás tus valores y auto respeto. Tu pareja, que te ama, sufrirá largas y penosas horas de soledad y desesperanza ante tu vicio.
Lo mejor es huir por completo del consumo de sustancias que causen dependencia en contra del matrimonio. La virtud antagónica a la gula y la ebriedad es la templanza.

Ira:

Es el enfado o enojo y hasta el odio con sentimientos de impaciencia, intolerancia, groserías y mala educación. No te enojes fácilmente con tu pareja, sé paciente, todos cometemos errores y todos debemos perdonar a quienes nos acompaña en la vida. Tomemos los enojos con algunas dosis de buen humor y así el enfado pasará.
Aprendamos a controlar nuestras emociones mediante, por ejemplo, un versículo bíblico que mucho ayudará, una oración o algo que traiga paz a tu interior.

No dejes escapar de tu boca alguna afrenta porque lo dicho, dicho queda, y aunque se perdone pues… amanecerá y veremos. Piensa antes de hablar, mentalmente, cuenta de uno a cinco, y nunca, por motivo alguno, utilices palabras o manos violentas contra tu pareja.

La paciencia es la virtud contraria a la ira, utilízala para calmar esos arrebatos en tu carácter.

Envidia:

Los envidiosos se alimentan con el mal ajeno y gozan más si el ajeno es cercano.

No solo desean tener más sino que esperan que el cercano (llamado prójimo) termine en la inopia. Los principios cristianos afirman que nunca debes menospreciar a tu pareja.

Al contrario, si a ella le duele un diente, pues un diente tuyo también gritará de dolor. Eso es tener empatía y no gozar con los pesares de tu cónyuge sino que ante alguna adversidad, se debe reír con ella -o con él- para continuar andando por los caminos de la felicidad, así esos caminos sean largos y pedregosos.

La virtud que sana la envidia es la caridad. Pon a la envidia y a los celos en la primera categoría de los pecados del ser humano. En el matrimonio exitoso ambos somos.

Avaricia:

Del latín avaritia, es el exceso que lleva a la acumulación de bienes materiales. Es el afán o deseo desbordado y excesivo de poseer riquezas para atesorarlas. Si eres el único o principal proveedor de la familia, no creas que todo el dinero es tuyo y que solo tú puedes administrarlo, gastarlo o invertirlo.

Si tú y tu cónyuge trabajan, no separen los ingresos. Consignen los dos ingresos en una cuenta bancaria, (preferiblemente de ahorros y no corriente pues algo ganará en intereses y es mejor algo que nada). Y que sea cuenta mancomunada, para manejo de los dos y así ninguno se sentirá superior porque devenga más.
Es delicado que él trabaje y tenga su cuenta, ella trabaje y tenga su cuenta sin que ninguno de los dos comparta siquiera su extracto bancario.

No te obsesiones con ganar más y más y trabajar sin cesar pues nunca te sentirás satisfecho con tus ingresos. ¿De qué sirve reunir y reunir bienes y no tener tiempo para disfrutarlos con la pareja y los hijos? La virtud contra la avaricia es la generosidad.

Orgullo:

Es el padre de todos los pecados. Tiene como sinónimos la altivez, arrogancia, vanidad, insolencia y vanagloria. El orgullo se sana con la virtud de la humildad. Un orgulloso no se rebaja a pedir perdón por lo que en una relación de pareja esa es un castigo mortal para el matrimonio. Hay hogares donde uno es el orgulloso, altivo e insolente, mientras su pareja obedece continuamente.
La Biblia dice en su libro Proverbios 29:23 que el altivo será humillado y el humilde será enaltecido.

Un consejo para todos: aprendamos a ser humildes sin ser idiotas. Controlemos nuestro ego y reconozcamos las excelentes cualidades y talentos del cónyuge. Y aplaudámoslo con frecuencia y delante de los hijos. Sé un amigo fiel y compañero constante de la persona con quien prometiste acompañar en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza.

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