Martes, 10 Octubre 2017 16:30

¿De verdad somos tan malos papás?

Hagamos lo que hagamos, como papás siempre seremos juzgados… y no de buena manera. En cualquier lugar habrá alguien que nos considere los peores. Llegó la hora de preguntarnos ¿de verdad hacemos todo tan mal con nuestros hijos?

Cuando quedé embarazada de mi primer hijo, decidí que él no pagaría mi inexperiencia ni mi “primiparada” y que no me excusaría por los errores diciendo que no sé cómo hacerlo por ser  primeriza. Nadie nace aprendido, pero tampoco se le obliga a quedarse en la ignorancia. Así que decidí prepararme. Leí cuanto libro, artículo, blog, revista, etc. encontré para aprender lo que necesitaba. Hablé con médicos, pregunté, escuché consejos e indagué hasta sentirme segura. Tomé decisiones y la verdad, me fue muy bien. Por supuesto, no soy la mamá perfecta, pero las técnicas que elegí funcionaron muy bien para mi familia. Sin embargo, me estrellé con una serie de comentarios y consejos no pedidos que me hicieron pensar.

Personas que con aparentes buenas intenciones me recomendaban tomar uno u otro camino en la crianza de mi hijo. Peor aún, familiares, amigos y conocidos  que directamente criticaban mis métodos y me hacían sentir como la peor mamá del mundo. Mi ventaja siempre fue que investigué más de lo que escuché y simplemente no me dejé afectar.

Con mi segunda hija la situación fue similar. Aunque ya no recibía tantos consejos “básicos”, debido a que mi pequeña sufrió varias veces de enfermedades respiratorias, he tenido que enfrentarme a malos comentarios (incluso de médicos) que muy directamente cuestionan si soy una buena madre y si cuido a mis hijos correctamente.

Una neumóloga me recomendó renunciar a mi trabajo porque enfermaba a mi hija, un pediatra me dijo que debía dejar de sacarla de noche (sin saber que procuro no hacerlo), otro médico me dijo que yo era una irresponsable por permitir que mis hijos jueguen juntos. A pesar de sentirme muy segura de lo que hago como madre y del empeño y esfuerzo, estas palabras convirtieron mi mente en un campo minado que explotaba cuando una situación similar se presentaba. Por ejemplo: si mi hija tosía en la noche, luego de haberla llevado al parque, me sentía como una pésima madre por haberla sacado. Como dice Isaías 47:13: ¡Los muchos consejos te han fatigado!

Comencé a leer sobre el tema y lo comenté con mis amigas que son mamás y descubrí que este tema es recurrente. He emprendido una campaña en contra de la guerra de mamás, porque me parece increíble que una mujer pueda juzgar a otra por sus decisiones. Pero descubrí que este tema excede a las mamás. Los médicos, abuelos, amigos, parientes y hasta desconocidos opinan minando la autoestima de padres y madres, en especial si son primerizos o se enfrentan a una situación especial como la enfermedad de un hijo.

De acuerdo con una investigación del portal Costumer.es, 87% de las mamás se siente afectadas por los comentarios que reciben respecto a sus preferencias de crianza, lo que afecta directamente su autoestima. “La falta de autoestima en los padres hace creer que todo se hace mal con el niño. Y esta percepción, motivada por un nivel demasiado elevado de exigencia, donde el único objetivo es el éxito de los hijos, también puede redundar de forma negativa en la autoestima de los pequeños. Tener una buena autoestima es fundamental por varias razones. Como padres o madres, se destacan dos que, además, están íntimamente relacionadas. La primera tiene que ver con la propia calidad de vida: una autoestima baja nos hace sentir mal. Y la segunda es que repercute en los hijos: a menudo, la baja autoestima de los padres redunda en una baja autoestima en los niños, de manera que el problema se convierte en una especie de mal hereditario”, dice un aparte de la investigación.

¿Qué actitud tomar frente a los comentarios negativos, la exigencia de la sociedad o de nosotros mismos? Tenemos que sentirnos seguros de lo que hacemos y comprender que siempre vamos a encontrar personas malintencionadas. Pero su bienestar no depende de ellos. ¡Jamás me dejaré llevar por sus malos consejos! Job 21:16.

Tips para mejorar la autoestima de los padres:

Estos cinco consejos, de la psicóloga Amelia Fuentes sirven para potenciar la autoestima de los padres.

1- Valorar el esfuerzo, no los resultados

Si los objetivos por los que se mide la valía del niño están basados en los resultados, existe el riesgo de que la valoración del pequeño (así como la de sus padres) se vea afectada de forma negativa. Para sentirse realizados como padres hay que ser consciente de todo lo que se desea hacer y se hace por los hijos. Resulta mucho más idóneo destacar el esfuerzo, pues de esa manera se transmite el valor del trabajo, más allá de que se obtengan éxitos o no. El éxito no se puede controlar, pero sí el esfuerzo realizado en una tarea, que, además, es más cercano y medible.

2- Organizar horarios semanales

Es importante que esta organización incluya actividades conjuntas, sobre todo, actividades agradables. Lo idóneo es que tanto las tareas como los horarios estén pactados entre todos los miembros de la familia y, de ser posible, de ocio activo.

3- Evitar las comparaciones con otros padres

Esto es imprescindible. Cada persona es única y cada sistema familiar es especial. Por eso, no es posible compararse como padres con ninguna otra persona. Además, hay que tener en cuenta que, en situaciones sociales, muchas personas proyectan una imagen que retrata lo mejor de sí mismas, que esconde los problemas y aspectos negativos. Si uno se compara con esa imagen, lo más probable es que siempre salga mal parado.

4- Centrarse en los aspectos positivos

Utilice un momento al final del día para conversar sobre las cosas positivas realizadas -o vividas- por cada miembro de la familia durante la jornada. Esta actividad fomenta la comunicación y resalta aspectos positivos, al tiempo que evita centrarse en los problemas, dificultades y fracasos. Además, posibilita que cada miembro de la familia apoye y se sienta involucrado con las experiencias de los otros, de una forma natural.

5- Ser conscientes de lo que se vive

A veces resulta difícil, pero se disfruta muchísimo más de la paternidad o maternidad, si se hace el esfuerzo de no contaminar los momentos compartidos con los niños con preocupaciones propias de otros ámbitos, en particular del trabajo. Para quien es capaz de centrar toda su atención en lo que vive en ese momento, el nivel de satisfacción será muy superior.

Por: María Isabel Jaramillo - @MaiaJaramillo

Foto: 123RF

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