Jueves, 15 Octubre 2015 23:59

Papás, ¡dejen de gritar!

¿Alguna vez ha sentido fastidio, repulsión o aversión hacia sus hijos? Su respuesta podría ser un rotundo ¡NUNCA!, pero si se le pregunta, ¿alguna vez ha sentido tanta frustración por el comportamiento de sus hijos que se ha dejado llevar por la ira a la hora de reprenderlos? La respuesta podría cambiar y, sin embargo, para sus hijos ambas cosas son lo mismo.

De acuerdo con las investigaciones del psiquiatra Augusto Cury, especialista en psicología educativa, “una zona de la corteza cerebral del tamaño de la cabeza de un alfiler contiene millares de ventanas con millones de informaciones que llegan hasta allí a través del fenómeno de registro automático de la memoria. Cuando un niño recibe un grito de sus padres, queda registrado en la corteza cerebral del pequeño en una de las ventanas donde queda inmortalizado como algo doloroso que no se podrá borrar jamás”.

Este es un tema difícil para los padres. Cualquier familia sabe que las travesuras, desobediencias y actitudes desafiantes acaban con la paciencia del más tranquilo.

Mi testimonio

“Un día dejé a mi hijo de tres años pintando muy tranquilo y concentrado. Después de un rato, me asomé para vigilarlo y mi sorpresa fue grande cuando lo vi pintando la cojinería blanca de una de las sillas. ¡DIEGO! ¡¿POR QUÉ ESTÁS PINTANDO ESO?!, grité asustada. Pero los gritos subieron de tono cuando vi que mi hijo seguía tranquilo pintando con su marcador negro.

¡DIEGO, PARA YA MISMO! ¡ERES EL COLMO! El grito fue tan estruendoso que mi niño saltó. Me miró aterrado y comenzó a llorar. “No te pongas brava. Perdóname, mami”. Me sentí terrible, pero la sangre se me heló después cuando entré a su cuarto y escuché a mi hijo gritando a sus muñecos de la misma forma en que yo lo hice con él. Quiero ser un ejemplo para mi hijo, no un modelo de mal comportamiento”.

¿Qué ocurre con niños gritados?

Un estudio de la revista Child Development concluye que “gritar a los hijos podría causar problemas de conducta y de desarrollo emocional”.

Esto no es nuevo: un estudio publicado en 2003 en el Journal of Marriage and Family reveló que en las familias que afrontan 25 o más incidentes con gritos en el transcurso de un año, los niños pueden terminar con baja autoestima, un aumento en la agresividad hacia los demás y una mayor incidencia delictiva. Casi 900 de los cerca de 1.000 padres encuestados admitieron que habían alzado la voz o les habían gritado a sus hijos a lo largo del año anterior. De los padres que tenían niños mayores de siete años, casi todos dijeron que se consideraban unos gritones sin remedio.

La incidencia en la conducta de los niños es directa, bien lo dice la Biblia: Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que se desanimen. Colosenses 3:21.

No se puede esperar que sean buenos seres humanos si desde casa se les maltrata con gritos. Un estudio conjunto de las universidades de Pittsburg y Michigan, en donde se evalúa el comportamiento de casi mil familias compuestas por padre, madre e hijos de entre l3 y 14 años, revela que 45% de las madres y 42% de los padres admitieron haber gritado y en algún caso insultado a sus hijos. El informe comprueba los efectos de la violencia verbal sobre los niños. Los pequeños, víctimas de este maltrato, desarrollaron diversos problemas de conducta en el año siguiente, muy por encima de los niños que no habían recibido gritos.

Soy mamá gritona, ¿qué hago?

Prácticamente ningún padre quiere reconocer que grita a sus hijos, pero casi todos alguna vez hemos perdido los estribos. Eso puede ser normal, porque como seres humanos podemos cometer errores, pero para evitar que vuelva a suceder, lo primero es identificar qué tan frecuente le sucede a usted. No hay una medida, pero tenga en cuenta que “los gritos no son de Dios. No son un fruto del Espíritu Santo”, como afirma Alejandra García de Llanos en su prédica ‘Mentiras que las mujeres creen acerca de los hijos’*.

Para la psicóloga clínica Diana Hernández, la clave está en evitar perder la paciencia en otras situaciones. “Generalmente, gritar a los hijos es el resultado de ser personas con poca paciencia. Ningún papá o mamá quiere convertirse en un ogro para sus hijos. El problema radica en que en las demás situaciones de la vida los padres se llenan de estrés”. Por ejemplo, cuando manejan y otro conductor los cierra con su vehículo, se transforman en seres irreconocibles que gritan e insultan. Claramente, personas así perderán la calma más fácil ante las pilatunas de sus hijos.

La solución es comenzar por uno mismo y practicar el dominio propio. Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 Timoteo 1:7.

No se torture si se le escapó un grito. Es natural reaccionar a veces, además, los niños entienden los cambios en el tono de voz desde el momento de su nacimiento y esto los lleva a comprender que hicieron algo que no deben repetir.

Algunas estrategias:

Recuerde que el adulto es usted, quien debe mantener el control y no dejarse llevar por la ira.

No lo regañe si tuvo un mal día: Si usted llega a casa cansado, molesto o malhumorado, intente relajarse antes de decir algo al niño. Muchos de los gritos se dan porque los padres descargan un mal día por una pequeña travesura de sus hijos.

Reconozca logros: Si su hijo tuvo un comportamiento acertado, no escatime elogios. Recuerde que si el niño nota que usted le presta más atención por un comportamiento, intentará repetirlo. Funciona con las pataletas, pero también con lo positivo.

Respeto: Si usted quiere que sus hijos escuchen sus recomendaciones, hábleles de forma respetuosa, aunque firme, y a su mismo nivel (si es preciso, agáchese). Diga las cosas en positivo en lugar de regañarlo. Por ejemplo, un “siéntate, por favor” funciona mejor que un ¡No te pares en la silla!”.

El corazón, importa más que el comportamiento: Sus hijos deben sentir que usted los ama sin importar lo que hayan hecho. No se enfoque en el comportamiento, sino en el corazón de sus hijos. Así lo afirma Paula Arcila, en su prédica ‘Mamá, déjate sorprender por Dios’.

Límites: Establezca en conjunto las tareas del hogar. Explique, ojalá a través del juego, que es importante que recoja los juguetes y ordene su cuarto, pero no espere que aprenda de un día para otro. Tenga paciencia.

Ejemplo: Los niños aprenden por el ejemplo más que por las palabras. Usted puede decirles de forma insistente que se comporten de alguna manera, pero lo más sencillo será darles ejemplo para que actúen por imitación.

Es un niño: Muchos papás ven a sus hijos como adultos pequeños, y olvidan que son niños y apenas están aprendiendo a comportarse. Los niños necesitan guía. Así que si usted no entiende por qué se comporta de una forma específica, consulte con su pediatra o en libros para comprenderlo mejor.

Las prédicas se pueden descargar en la página web www.casaroca.org, sección Mujer Integral.

Por: María Isabel Jaramillo, periodista egresada de la Universidad Central.

Foto: 123RF

          

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