Elementos filtrados por fecha: Viernes, 11 Julio 2014

El salsero narra a Hechos&Crónicas un resumen de su vida.

El 26 de febrero de 1937 nació Roberto Cruz Ramos en Hormigueros, Puerto Rico. Sus primeros años los vivió en una humilde granja. Sus padres se dedicaban a cultivar caña de azúcar. Cuando tenía 12 años, su familia decidió mudarse a Nueva York, donde conoció a Richie Ray.

A los 17 se casó con Julia, quien murió dos años después. Luego conoció a Rose Appese, una norteamericana de raíces italianas. “Llevo 45 años de matrimonio con Rosa y tenemos tres hijos: Bobby Jr., Tania y Cindy”, cuenta Roberto Cruz, conocido como Bobby Cruz.

Un pasado superado

No cabe duda que el éxito de Richie Ray y de Bobby Cruz ha sido increíble con el correr de los años. Sin embargo, el exceso les pasó factura. “Cuando sacamos el Jala jala y Boogaloo en 1967, Los durísimos en el 68, Agúzate al siguiente año y Sonido Bestial en el 70, nos perdimos en las drogas y el alcohol”, recuerda el salsero.

De acuerdo con Richie, quien respondió una entrevista al portal Terra, fue en 1975 cuando conocieron de Dios, recuperaron sus carreras y consiguieron nuevos éxitos. “Bobby tuvo más exposición a la vida que yo, andaba con muchas mujeres, era el líder de una pandilla. Yo fui el primero que me convertí. Yo le decía a él que no debíamos estar metiendo crack, emborracharnos, ni estar peleando con la esposa, le resaltaba que sí era posible tener paz con los hijos y la familia en general. En una ocasión le dije: -No vamos a dejar nuestra salsa para cantar himnos de iglesia. Amárrate el cinturón para cambiar nuestra vida y seguir cantando a ese ritmo-”.

Hechos&Crónicas pregunta…

En la convención internacional realizada en Expolit durante mayo pasado, estuvimos en exclusiva con Bobby Cruz quien nos confesó cómo han transcurrido sus 40 años de ministerio.

Hechos&Crónicas: ¿Qué es lo más significativo que le trajo su conversión a Jesús?

Bobby Cruz: Doy gloria a Dios. Yo no pensé que fuera a vivir 20 años, y cuando me convertí no pensé que fuera a durar hasta los 40 años. Hoy tengo 76 y todavía sigo aquí.

H&C: ¿Y qué ha pasado en estos 40 años?

B.C.: Con Richie hemos predicado en casi todo el mundo: el Caribe, las Américas, Buenos Aires, Canadá, Europa, Israel y muchos otros países.

H&C: ¿Es cierto que han abierto más de 70 iglesias?

B.C.: Hemos abierto 72 iglesias alrededor del mundo y las abrimos donde no habían congregaciones. Yo fui a Haiti y abrí 14 iglesias, fui a Cuba y abrí 24. Además, tenemos iglesias en Chile, México, Irlanda, África, en Holanda. Eso es lo que ha sucedido en 40 años.

H&C: ¿Qué número estimado de miembros tienen sus iglesias?

B.C.: No sé exactamente, pero te puedo decir que la iglesia más grande es la de México, está en el Distrito Federal y cuenta con más de 10 mil miembros y te digo, que más del 90% de los que asisten no saben que fui yo el que abrió esa congregación.

H&C: ¿Todas las iglesias se llaman Casa de Alabanza como la sede en Miami?

B.C.: No se llaman así porque yo las abro y las mantengo hasta que puedan pararse solas y luego ellos siguen. Esas iglesias tienen diferentes nombres.

H&C: Y a propósito… ¿usted sigue pastoreando?

B.C.: No, esa iglesia en Miami no la pastoreo desde hace 10 años, ahora lo hace mi hijo Bobby junior.

Un disco detrás de otro…

H&C: Cuéntenos sobre su más reciente disco Salsa Sin Límites

B.C.: Esta producción es, sin duda, una de las mejores en mi carrera musical ¡es la número 117! Precisamente Agua para beber, que es el sencillo compuesto por...

NOTA: Puede leer y consultar la totalidad de esta entrevista en nuestra edición impresa #45 del mes de Julio del 2014.  

En la foto Bobby Cruz junto a Richie Ray.

 

 

Publicado en Arca

Para comprender uno de los problemas de la realidad nacional, Hechos&Crónicas se adentró en una vereda de Cundinamarca durante una jornada completa para acompañar a un campesino que abrió las puertas de su casa y de su campo para compartir cómo es vivir de la agricultura.

Ese frío jueves de junio, don Pastor Quete se levantó a las 4:30 de la mañana, como de costumbre, pensando que tal vez podría lograr unos centavos más que el día anterior. Como era jueves, el ordeño le correspondía a su esposa Dora, quien era capaz de sacar un poco más de leche de sus tres vaquitas y recoger los $28.000 que le daban por 35 litros. Así que don Pastor podía iniciar el día con otras labores en su pequeña finca.

Mientras alimentaba a sus conejos con las lechugas que sacaba de la tierra, traía el maíz a las gallinas y retiraba los huevos de las ponedoras, don Pastor recordó aquellas épocas en las que vivía con sus padres. Lo trajeron casi a rastras desde Sutatausa, Cundinamarca, de donde no quería salir porque estaba encariñado con la vida, pero mientras sus hermanos aprendieron rápido las labores del campo, don Pastor se enamoró lentamente de la tierra en la vereda El Páramo, jurisdicción de Subachoque, Cundinamarca, plena Región Andina, la mayor despensa de alimentos del país. Cada día debía admirar las labores que como ellos, realiza el 32% de la población colombiana que se denomina campesinos y que rinde cuentas por el 40% de la canasta familiar.

Don Quete aprendió a amar la tierra de sus padres y la labor que le dejaron sus buelos y por eso sigue la tradición.

En El Páramo amanece tarde. No porque el sol no quiera salir sino porque una blanca bruma oculta sus rayos hasta que estos tienen la fuerza suficiente para calentar la mañana. Luego, el sol se vuelve inclemente por la altura, y junto al viento, a veces raudo a veces lento, se queman las mejillas de los desprevenidos para llegar a ese característico “bronceado sabanero”. Por eso las labores de don Quete deben iniciar a las 7:00 a.m., igual que las de la mayoría de los 14.260 habitantes de Subachoque.

Mientras las campanas de la parroquia San Miguel Arcángel, de la cabecera municipal retumban en los oídos de los pobladores, invitándolos a misa de siete, los Quete se entregan a Dios de una forma diferente. Con oración ferviente encomiendan su día y su desayuno agradecidos de poder comprar un solo pan para acompañar el chocolate y el caldo, hechos con el producto de su propia tierra.

Ese día, mientras don Quete iniciaba labores, otros campesinos del país se reunían para hablar sobre un posible paro agrario. El tercero en los recientes nueve meses. Las demandas siguen siendo las mismas: necesitan ayuda del Gobierno Nacional en la rebaja de los insumos y facilidades de pago para sus deudas, que se han hecho más altas con los tratados de libre comercio con varias naciones. El Gobierno ha respondido, es cierto. Según dicen, el presupuesto para el agro se ha triplicado en estos cuatro años hasta llegar a unos 2.680 millones de dólares en 2014, que aunque suene extraño, no alcanzan para todos.

Don Quete sabe de las reuniones pero tiene demasiado quehacer como para asistir. Como la siembra de la papa, (su principal fuente de ingresos) dura cerca de tres meses, debe emplearse como jornalero y recibir los $38.000 del día. Es un trabajo arduo, de 7:00 a.m. a 4:00 p.m., cinco días a la semana, con escasas tres pausas para comer y luego debe llegar a su finca a terminar las labores para que su cosecha y sus animales prosperen.

Durante el paro agrario de agosto de 2013, el pueblo boyacense se volcó a las calles y más de 300 mil personas protagonizaron una gigantesca  manifestación en Tunja, para pedir una política agraria justa para los lecheros, paperos y demás agricultores.

La situación fue tensa. Era agosto, el peor mes del año para vender papa. Por una carga (dos bultos), que usualmente se transa entre $60 y $70 mil, en ese entonces se negociaba a escasos $20 mil. Y la familia debía vivir con ese ingreso. En un terreno como el de don Quete, que produce cerca de 150 cargas por vez se debe invertir una suma superior a $3’200.000 en siembra e insumos (abonos, fumicidas, barbecho), sin contar los gastos que implica sacar la papa germinada dentro de la tierra, lavarla, transportarla y negociarla en las centrales mayoristas. Si se tiene en cuenta que el dinero que deja una siembra debe alcanzar para sobrevivir mientras está lista la siguiente cosecha, es muy comprensible que muchos de los 345 mil campesinos que viven de la papa asomen visos de desesperación en sus rostros.

Dicen que el trabajo endurece la piel, y debe ser cierto, porque a don Pastor Quete no parece incomodarle el inclemente sol de la mañana sabanera ni el frío que baja de la montaña, ni el peso de las mangueras ni de los líquidos para fumigar, porque al final del proceso, recoger la cosecha es una bendición. Al fumigar, los tallos mueren y se facilita la en su momento la recogida.

Mientras don Quete fumiga, los jovencitos de la escuela rural toman su recreo y la algarabía se oye hasta los cultivos. Él no parece inmutarse con los gritos y las risas, no está interesado en lo que allí ocurre. Sabe que el estudio es importante, pero no cree que sea el fundamento en su vida. Sus cinco hijos terminaron bachillerato, pero los tres varones se emplearon como jornaleros y dedican su vida también al campo. Las mujeres anhelan continuar estudiando.

Don Quete se pregunta: ¿para qué tanto estudio? Conoce bien a algunas personas que se fueron a estudiar a la gran ciudad y le cogieron pereza al campo y otras tantas que estudiaron y no lograron nada más, así que él espera que sus nietos, que apenas rondan los dos años, sigan su ejemplo y se dediquen a la tierra. “Si uno aprende a manejar el campo y a rebuscarse, puede vivir de la agricultura. La vida en la ciudad es más dura porque uno todo lo debe comprar, en cambio en el campo, lo que uno siembre tiene para comer”, asegura enfáticamente.

Sin embargo, también conoce el caso el hijo de un campesino que se fue a estudiar a la ciudad y regresó cargado de conocimientos para aplicar. Hoy su familia produce unas cinco mil cargas  de papa que comercializa directamente a la fábrica de papas fritas más grande del país.

Don Quete está muy agradecido con la tierra que Dios le regaló. Conoce la orden de Dios sobre ella: Él entregó toda la creación al hombre para que este la trabajara…y los bendijo con estas palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo.» También les dijo: «Yo les doy de la tierra todas las plantas que producen semilla y todos los árboles que dan fruto con semilla; todo esto les servirá de alimento. Y doy la hierba verde como alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se arrastran por la tierra.» Génesis 1:28-30.

Don Quete sonríe al mirar al cielo cuando caen las primeras gotas de lluvia. Poco le importa mojarse o embarrarse. A veces llueve con furia, pero en temporada de verano debe tasar el agua y el pasto, por eso la lluvia es una bendición para él y aún empapado, trabaja las horas que le faltan. Don Quete no se enferma, sus defensas se han fortalecido con las duras jornadas. No ha tenido que hacer uso del comentado Sisbén al que se encuentra afiliado, porque la tierra produce plantas que curan las pequeñas dolencias y gracias a Dios, jamás ha tenido que salir en medio de la noche oscura a buscar un médico para sus urgencias.

Al terminar su jornal, don Quete regresa a su finca. Ordeña las vacas antes de soltar a los terneros que ya mugen desesperados. Revisa sus animales y lleva leña a la casa para prender la rústica chimenea y entrar un poco en calor. En medio del cansancio no puede evitar pensar en los miles de campesinos que han abandonado la región, que han cambiado sus costumbres rurales por las junglas de cemento. Don Quete no tiene por qué saberlo, pero la población campesina se ha reducido, en los recientes 60 años a una cuarta parte de la población colombiana.

Pasó de un 50 a un 32% de la población total entre 1960 y 2013. Hoy, aproximadamente 10 millones de personas se dedican al campo.

Son las 7:00 p.m. y anochece. El día ha terminado y don Quete vuelve a la cama al lado de su esposa quien ha trabajado tieso y parejo con él desde casa al hacer de comer, ordeñar unos días a la madrugada, lavar la ropa, limpiar los pisos, tender la cama y preparar un café diario a media mañana. La jornada ha sido dura para ambos y es hora de dormir para volver a levantarse a las 4:00 a.m. Antes de conciliar el sueño, agradecen a Dios por el día que ya pasó y por la noche que llega, como decía a diario por televisión el sacerdote García Herreros, fundador de El Minuto de Dios. Fue un día duro, pero un día bueno, tienen mucho por qué sentirse satisfechos. Dentro de poco será otro día, sí, será otro día.

Publicado en Números

logo-con-transp4

Revista Hechos&Crónicas es la opción perfecta para los lectores que quieren estar bien informados de lo que pasa en Colombia y el mundo. Analiza desde la perspectiva cristiana integral con cifras, datos y hechos, temas sociales, económicos, religiosos, políticos, deportivos, del mundo del espectáculo, entre otros.
Este medio impreso cuenta con el respaldo de la iglesia Casa Sobre la Roca.

 

Noticias recientes

Contáctenos

Revista H&C

Tel: (571) 6346100 ext 1090
Cel: (57) 320 275 0899
Email: servicliente@revistahyc.com
Dir: Cll 104 # 14a - 22 
Bogotá - Colombia